OpenA
Al Punto

Effetà

Al Punto

Effetà

La persona humana es apertura; su vocación fundamental es el amor, y el amor es diálogo, relación. Martin Buber, el gran filósofo del diálogo, dice que fuimos diseñados para la relación. Según el pensador judío, nuestro yo profundo se afirma y crece en una triple relación: con los demás (yo-tú), con el mundo (yo-ello) y, sobre todo, con Dios (yo-Tú).

Lamentablemente, de manera imperceptible, todos vamos cruelmente tejiendo capas alrededor de ese yo profundo. La psicología suele llamarlas “mecanismos de defensa”, que creamos de manera inconsciente para proteger el corazón, sobre todo cuando ha sido herido por traumas, frustraciones, abandonos o traiciones. Y aunque en un primer momento tales protecciones resultan eficaces, con el tiempo no hacen más que perpetuar nuestras heridas sin sanarlas. Desarrollamos entonces complejos, resentimientos, desconfianzas y falsas convicciones sobre Dios, el mundo, nosotros mismos y los demás. Como sostiene el reconocido psicoterapeuta católico Bob Schuchts, nuestras heridas generan creencias y nuestras creencias, actitudes y comportamientos distorsionados, muchas veces perniciosos.

El Evangelio presenta el caso emblemático de una persona severamente limitada para el diálogo: un sordomudo. Quienes lo presentan a Jesús le ruegan que le imponga las manos. Pero Jesús realiza un gesto sorprendente: le mete los dedos en los oídos y con su saliva le toca la lengua. Aquello era mucho más que un acercamiento: era un contacto de especial intensidad. El papa Benedicto XVI, comentando esta escena, señala que “la intensidad de la atención de Jesús se manifiesta en los rasgos insólitos de la curación: usa sus propios dedos e, incluso, su propia saliva” (Catequesis, 14 de diciembre de 2011). 

Mientras Jesús lo toca de esta manera, le dice: Effetà, que quiere decir ¡Ábrete! El evangelista utiliza explícitamente la palabra original pronunciada por Jesús en arameo para enfatizar el sentido profundo del milagro: Jesús no sólo abre sus oídos y libera su lengua, sino que, más profundamente, habilita su corazón para 

hacerlo capaz de entablar un diálogo nuevo, superior y salvífico con Aquel que es la Palabra.

El texto dice que el hombre pudo escuchar y hablar correctamente. El adverbio “correctamente” simboliza la victoria de la gracia recibida sobre toda forma de impedimento o distorsión en su capacidad de diálogo interior y exterior.

Nuestra humanidad del Siglo XXI, aunque parlanchina, suele comunicarse de manera distorsionada y pobre. El progreso tecnológico amenaza con encerrarnos en un diálogo estéril con una realidad virtual que limita tristemente nuestra capacidad de relación. “Se dialoga, dice el papa Francisco, por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre quienes se aman por medio de las palabras”. Quizá debamos repetirnos con frecuencia a nosotros mismos la consigna de Jesús: “Effetà” –¡ábrete!– para superar toda forma de encerramiento y abrirnos al diálogo fecundo con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

×