El beisbol romántico y el MARKETING


La Liga Mexicana está cambiando y es necesario este cambio, porque no se puede dirigir el beisbol desde una administración que vive de la venta de boletos solamente, esperando la asistencia de los aficionados... eso ya pasó a la historia.

LOS SARAPEROS DE SALTILLO 1990

Cuando le sacamos unos pocos juegos al ingeniero Armando Guadiana Tijerina (hoy senador de la república mexicana por Morena) en 1990, en realidad no quería los juegos por televisión, y René Robles y yo lo convencimos de que se transmitieran primero los juegos foráneos (como eran juegos en gira en los parques de otros equipos, no afectaría), para después sacarle algunos pocos locales en el Madero... y así fue como se transmitieron los primeros juegos por televisión por este servidor.

Eran días difíciles en la administración del beisbol, en donde los salarios de los jugadores se batallaba para sacarlos de la venta de boletos.

La venta de esquilmos era un modesto apoyo (comidas, quinielas, artículos deportivos, snacks, etcétera).

Los anuncios espectaculares detrás de las bardas jonronera se vendían en realidad baratos, y sólo los veían los pocos aficionados que asistían al estadio... y la mayoría de las veces pasaban desapercibidos a los aficionados. El sonido local del estadio normalmente era para uso exclusivo del anuncio del jugador en turno.

Un factor importante era el resultado del juego: si no ganaba el equipo, el aficionado se ausentaba y entonces se batallaba para pagar la nómina del equipo.

El directivo dependía del estado de ánimo del jugador y de su actitud ante su trabajo, olvidando que se debía a su público y que sus problemas se deberían de quedar en su casa.

No les importaba el grado de experiencia e historial de resultados del manager... y si éste no era del agrado de los jugadores, duraba muy poco en el equipo.

Una de las pocas entradas del directivo eran la venta de los derechos de las transmisiones de radio a estaciones que se interesaran en transmitir... y si el equipo fallaba y andaba en el sótano, hasta las estaciones de radio perdían publicidad.

Y los clientes no se querían anunciar, y había que pagar: al cronista principal, al segundo compañero de crónica y al comentarista a nivel de terreno, además del operador que desde la cabina recibía el sonido del estadio de la transmisión y tenía que sacar al aire el partido.

Si la estación no vendía publicidad por los malos resultados del equipo, entonces no le pagaban al directivo. Este era el cuento de cada año.

Hasta ahora entiendo la óptica de aquellos años, que los directivos andaban siempre batallando para cubrir la nomina de la temporada, que era de cinco a seis meses.

Apareció en el mercado de trabajo el bendito nombre de ´Marketing´... y las cosas cambiaron, y se dieron cuenta de que había otros rubros que estaban escondidos esperando a ser descubiertos.

La venta de los logotipos se hizo patente en los pantalones y camisolas, el sonido local ya anunció por cortesía de un cliente el siguiente turno al bat, y los espectaculares -ahora más amplios y de gran colorido- se vendían ´como pan caliente´, combinando esta venta con otros rubros, formando así paquetes que le daban al cliente, sonido local, logotipo en el uniforme... y si se dejaba, hasta su anuncio de ´equis´ segundos en la pantalla central.

No podemos olvidar los convenios combinados de la directiva y de los medios, llámese radio, prensa o televisión.

Los cronistas empezaron a vender sus programas en las estaciones del beisbol, ya fuera radio o televisión, y los periódicos ofrecían paquetes de apoyo con comentarios de los juegos y columnas de beisbol que permitían su publicación, señalando tal o cual encuentro.

Los cronistas deportivos que narrábamos los partidos, teníamos que hacer de profesores de matemáticas para sacar los promedios de bateo, pitcheo o fildeo de los jugadores.

Los derechos de las transmisiones de televisión no se hicieron esperar, y aún y cuando tardaron tres décadas en llegar, ya han sentado sus reales, negociando con los equipos las transmisiones televisivas de los encuentros.

Aunque usted no lo crea, las televisoras son las que más provecho le sacan a estos encuentros, porque sus convenios son muy sencillos: "Tú haz tu juego y yo te paso el encuentro, pero no te pago nada, confórmate con que tus anuncios se vean en mis pantallas chicas... y a jalar, ni modo".

Es más, las televisoras se han dado el lujo de obligar a los directivos del beisbol de cualquier nivel a cambiar las condiciones de duración del partido, por compromisos contraídos por la televisora con anterioridad.

Eso obligó a las ligas mayores a cambiar algunas reglas del juego, para hacer que el partido no pase de dos horas y media... ¡y no lo han logrado!

Eso afecta naturalmente al beisbol de México, que es un remedo de las Grandes Ligas en todo lo que ellos realizan.

Pero esperemos que no olviden lo más importante de todo este teje y maneje llamado beisbol, y eso es ´LA ACTITUD DEL JUGADOR´ en el terreno de juego.

Si el jugador no tiene una actitud positiva de armonía y un buen desempeño de juego, seguirán perdiendo, y los anunciantes se van... y se va también el dinero.

Esto es un juego en el terreno de seres humanos, y en las oficinas también, estando involucrados en este beneficio también los medios de comunicación. Mire usted a fin de cuentas estas siguen siendo COSAS DEL BEISBOL... ¿no cree usted?

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