El chip


Leyendo con gran atención el interesantísimo artículo de don Ramón de la Peña Manrique publicado en las páginas de El Horizonte el pasado viernes con el interrogante título de “¿Podremos cambiar a México?”. Reconozco que hacia mis adentros me ha abrigado un sentimiento, y léale bien, estimado lector, no se vaya a equivocar, que me ha dejado perplejo, es decir, desconcertado y confundido ante la fuertísima y muy franca pregunta con la que “a rajatabla” encabeza su brillantísimo editorial que en realidad, remueve sentimientos y toca conciencias.

Y es que cierto es que en lo más profundo de nuestras emociones, los mexicanos queremos un México mejor para todos sus ciudadanos, sin embargo, en la práctica y ejercicio diario de la vida, y vaya que las palabras del presidente Zedillo en las que hace referencia don Ramón de la Peña no pierden un ápice de vigencia a pesar de que fueron pronunciadas hace casi 23 años atrás, el avance para conseguir ese país “generoso de oportunidades para todos”, ha sido adverso, por no decir prácticamente nulo ante el evidente paso del retroceso que nos ubica en la actualidad.

Ese país de ensueño en que las leyes sean cumplidas y aplicadas a todos por igual… como no le fueron aplicadas a los funcionarios involucrados en el “cobijagate”…. ese país plenamente democrático con elecciones justas y limpias donde los conflictos se resuelvan conforme a la ley y mediante el diálogo… como el que aún el día de hoy nos tiene sin presidente municipal en Monterrey… ese país con una economía productiva, capaz de generar el empleo que se necesita para distribuir equitativamente sus frutos… como el que tiene a adultos y a menores por igual de manera “informal”, ganándose el pan sorteando malabares en los cruceros de la ciudad, mientras los “ninis” esperan en el cumplimiento formal de la promesa populista, su “apoyote” gubernamental.

Ese mismo país donde cada niño tenga una alimentación adecuada, educación de calidad y atención oportuna para su salud… que nos regala niños desnutridos, mal educados y enfermos…. ese país donde cada familia habite una vivienda “digna” con los elementales servicios básicos… llamadas “minicasitas” de 51 metros cuadrados… ese país donde tengamos seguridad en nuestras personas y bienes… y nos obsequia a un Nuevo León como nunca: “sangriento” e inseguro … ese país en el que confiemos unos en otros… como no confiamos nuestro futuro a los políticos… ese país donde las autoridades sepan ganarse el respeto de todos… como el gobierno independiente de nuestro “Jinete sin cabeza” nunca jamás se lo ha ganado… ese país tan añorado que alguna vez, a pesar de las limitaciones, carencias y desigualdades, mayormente alguna vez sí tuvimos y que hoy, lamentablemente las nuevas generaciones aún no conocen.

Y es que naturalmente, el inconsciente y desproporcionado crecimiento de todo ha hecho que la brecha de las necesidades, carencias y desigualdades entre los mexicanos crezca de manera desorbitada, a grado tal que la “pobreza” (hoy tan populistamente de moda en nuestro país) sea argumento suficientemente fuerte y válido para “pobretear” a la sociedad menos favorecida con particular indulgencia y justificar por su “necesidad” con benevolencia, las prácticas insanas y los ilícitos que han cometido.

Pero volviendo a la pregunta de si “¿Podremos cambiar a México?” y adentrándonos a los cuatro escenarios que dio como resultado el estudio de expertos nacionales y extranjeros en torno a la visión que había sobre nuestro país y del que hace la referencia técnica don Ramón de la Peña en su artículo, acompañándola con una filmográfica referencia para comprender el resultado de una manera más práctica como Un rincón cerca del cielo, Nosotros los pobres, Mentiras Piadosas y Los Olvidados, podemos deducir que sin lugar a dudas el problema para cambiar a México es “el chip”.

Sí, el “chip” que tenemos implantados los mexicanos en la cabeza de los intereses comerciales creados por los que detentan el poder y que se ha convertido en parte de nuestra cultura, y no en el sentimiento de bienestar razonado del corazón con base en los valores humanos, emocionales y sociales surgidos de la familia, con los que debemos de regir nuestra existencia.

Crecimos con los dramas y aventuras vaqueras del cine nacional, las telenovelas, El Santo, El Chavo y toda esa serie de teledramones “inocentes” que fueron implantando de información nuestro “chip”, que a diferencia de los “chips” de generaciones más modernas, estos vienen “enriquecidos culturalmente” con “zombies”, “narcos”, “infieles” y demás temas que han alimentado la hoguera de la actual realidad social.

Cierto es que unidos y honestamente dispuestos está en nuestras manos poder modificar “el chip” sacando de él lo que no sirve y conservando los valores familiares, emocionales y sociales de nuestro origen que han sido la columna vertebral de nuestra cultura como nación, pero para que ello suceda, se requiere de la voluntad, la planeación, el liderazgo, la estrategia, la sincronía y la promoción de todos aquellos actores que por la posición en la que están, detentan el poder de influir en “el chip” de los demás.

Sólo así y con mucha tenacidad, esfuerzo, constancia, dedicación y entrega absoluta en la planeación, estrategias, programas y acciones realmente positivas para la sociedad, lograremos que cada uno de nosotros mexicanos, unidos, cambiar “el chip” de los malos hábitos cultural y comercialmente implantados, para edificar el México grandioso que queremos legar a nuestros hijos, ese que el futuro nos traerá, como dice don Ramón de la Peña Manrique, trabajando con perseverancia motivados por un sueño, el de cambiar a México.

Por hoy es todo, amable lector, medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy sea para usted un reparador domingo, nos leemos en cabritomayor.com donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas además de las importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en “Crack” nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos Taurinos” y aquí mismo el próximo domingo.

Volver arriba