OpenA
Irreverente

El delicioso olor de la alfalfa

Irreverente

A empujones metimos cuatro pacas de alfalfa de 30 kilos cada una en el pequeño vehículo que rentamos en el aeropuerto de Los Cabos y que según advierte mi Gaby vamos a terminar regresándolo por piezas, a juzgar los lugares donde nos hemos metido en este periplo por la península de Baja California Sur.

Les platico: Conocimos a don José Inés Romero Salvatierra en una situación muy comprometida. Tratando de llegar a la presa Agustín Olachea Avilés embancamos en la arena nuestra nave y por más intentos que hicimos, no pudimos desatascarla.

Con el sol quemante del desierto echado sobre mi lomo caminé como un kilometro... o más, hasta que di con el rancho que cuida éste recio hombre de 75 años, tierra abajo de la presa.

En tres patadas le expliqué mi necesidad de ayuda y en dos llegamos a donde estaba el carro atascado.

Entre los tres amarramos a su troca al desvalido y en un santiamén ya estábamos liberados del arenal aquél que se le ocurrió ponerse en nuestro camino.

Su sonriente cara quemada por las tantas altas temperaturas de su vida, se puso adusta y seria cuando deslicé como agradecimiento, un billete de los grandes en el bolsillo de su camisa. 

“Yo no le estoy pidiendo nada”, me dijo, clavando en los míos sus ojos azules. “Sé que no, pero se los quiero entregar para agradecerle su ayuda”, le dije y él me replicó: “Con las gracias era suficiente”. Y acabó ahí la conversación...por ese día.

Nos enternecieron las vacas y los becerros que les daban topes a las ubres de sus mamás tratando en vano de sacarles leche a unas ubres secas.

Los escuálidos animales estaban en el rancho al cuidado de don José Inés, cuando de regreso a la carretera pasamos por ahí. 

Ahí se nos ocurrió lo de las pacas y tres días después cuando le avisamos que iríamos a visitarlo y a entregárselas, le pedimos que nos recogiera con su troca a la entrada de la carretera, distante 15 kilómetros de arenal hasta “su” rancho.

Es que si con 120 kilos menos a cuestas el carrito se nos había embancado, con esa carga extra no quiero saber lo que hubiera ocurrido.

Entonces supimos que ni él ni su viejita toman agua de la muy cercana presa, porque cuando mucho les sirve para darles a los animales y regar tierras y matas. 

“La potable nomás se la toman los del pueblo”, me dijo refiriéndose a los habitantes de Todos Santos y del cercano y más pequeño, Pescadero.

Cada ciertos días pagan el servicio de una pipa que les lleva el agua que se toman y cuando preguntamos qué hace el gobierno por ayudarles, como respuesta obtuvimos la señal internacional de “nada”.

Esta comarca forma parte del municipio de La Paz, gobernado por el alcalde morenista Rubén Gregorio Muñoz Alvarez, que según me dijeron, la única vez que se paró por acá fue en su campaña electoral.

Hay una especie de delegado que representa a la autoridad de La Paz en Todos Santos. Se llama Tito Palacios y tiene fama de hacer aquí su pequeña ley, sin que sus jefes paceños se enteren.

Lo último que hizo fue ordenar el cierre total de los negocios que le dan vida a éstos lugares, mientras que en La Paz ese tema fue abordado de manera menos draconiana. Pos éste, qué se creyó?

La pandemia está acabando con muchas formas de vida y en la aplicación de la emergencia sanitaria se percibe un desmadre muy bien organizado.

 CAJÓN DE SASTRE

“Menos mal que eso nomás sucede en BCS”, dice sarcástica e irreverente mi Gaby, todavía los dos oliendo deliciosamente a alfalfa… y el carro también.  

pacido.garza@gmail.com

más del autor
×