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Cabrito Mayor

El desprecio y el desdén

Cabrito Mayor

El desprecio y el desdén

Dícese en psicología y otras ciencias sociales que el desprecio es una intensa sensación de falta de respeto o reconocimiento y aversión que supone la negación y humillación del otro de quien se pone en duda su capacidad e integridad moral. Es similar al odio, pero implica un sentimiento de superioridad; en cambio, el término desdén se emplea para aludir a la apatía o el desgano con que se lleva a cabo cierta acción que se vincula por mucho a la indiferencia.

En términos taurinos, ambos, el desprecio y el desdén son utilizados en España el primero y México el segundo para darle nombre a un mismo pase, que se ejecuta con la muleta aprovechando el recorrido del burel para que el diestro erguido, estatuario pero delicado y armoniosamente, pliegue hacia un costado de su cuerpo la franela luego de haber sobrepasado el cornúpeta la zona franca donde puede herir con precisión a su lidiador. Este pase, generalmente se expresa artísticamente como remate y colofón de una serie de muletazos y por la gran complejidad en su ejecución para medir el recorrido, son, temple, armonía, espacio y tiempo en el trazo, arranca de aquel que es sensible a esta manifestación del arte, el ¡olé! Espontáneo surgido de los rincones más íntimos de las emociones.

Pues bien, dicho lo anterior, en términos lingüísticos, ambas palabras: “el desprecio y el desdén” se han manifestado recurrentemente a lo largo de la historia reciente en el conflicto que sostienen los supuestos protectores de la vida animal, contra todo aquel ser humano pensante que osare a contradecir su particular filosofía de acción en “favor” de todas las especies de animales, sin importar el gran daño que podrían ocasionar a sus “defendidos”, como ocurrió con los más de 4,500 animales de diferentes especies que formaban parte de los espectáculos en los circos y que irremediablemente murieron a consecuencia de sus “brillantes” iniciativas.

Antes de continuar estimado lector, quizás Usted piense que por mi reconocida posición como taurino, su servidor escribe esta columna de forma tendenciosa y a favor de la tauromaquia, pero debo de aclarar que esto no es así pues antes de redactar cada editorial, siempre hago un serio análisis del tema y éste en particular, lo confieso, lo conozco sobradamente y es por ello que me atrevo a decir que esto de “defender” a los animales es un gran negocio económico, político y mediático que burla a la inteligencia manipulando la bondad natural que por condición humana poseemos. Y aunque ciertamente habrá quienes no estén de acuerdo en lo que pienso, en lo que escribo y cómo lo escribo, es innegable, aunque se quiera ocultar, que el tema tiene muchos intereses de fondo.

Estas aristas son principalmente políticas y económicas que van mucho más allá de la filosofía de protección a los animales y es que en esa dualidad de intereses, aprovechando la necesidad apremiante de detener todo tipo de violencia y generar bondad entre los seres humanos, ese sentimiento va oculto y enfocado económicamente a incrementar el consumo billonario de alimentos y servicios para mascotas y políticamente, para fortalecer la membresía de su movimiento con miras a “vender” su empatía, al mejor postor político con miras al futuro de los procesos electorales.

Por ello, “el desprecio” del movimiento animalista se hace presente con su supuesta bandera de la defensa de la vida animal en contra de lo que consideran atenta contra todo tipo de animales para generar mayor empatía en la sociedad, en tanto que “El desdén” se manifiesta en la propia sociedad que no percibe el gran daño ecológico, económico, profesional y cultural que podría acarrear la “ley Monreal” presentada por el senador de ese apellido que quiere ir en la boleta de 2024 a toda costa, según declaró.

Dicha iniciativa de ley propone el cierre de zoológicos económicamente autosustentables a cambio de santuarios naturales, retirar a los animales de la experimentación educativa en las escuelas y eliminar cualquier desarrollo zootécnico que utilice animales como la pesca, la apicultura, la ganadería, la avicultura, etc. Es decir, desaparecer el sustento de cualquier individuo que consume alimentos de origen animal, además de todas las actividades y espectáculos que utilicen animales, lo que supondría una catástrofe económica para la productividad del país.

Imagínese y para que dimensione lo que le comento, estimado lector, que por consecuencia y sin consultárselo a usted, quede extinguida “la carnita asada”?... Pues bien, todo esto acarrearía además de una evidente pobreza alimenticia, una irremediable subida en los precios de la canasta básica amén de la pérdida de muchísimos empleos. Y todo esto en una propuesta de ley que no insinúa siquiera, el tema de los recursos ni de dónde saldrán para indemnizar a toda una gigantesca industria que se vería afectada, que nos provee de alimento y que vive de y para los animales.

Por ello que el próximo 11 de noviembre a las 11:00 la mañana (el 11-11 a las 11), diversos organismos independientes de empresarios, productores agropecuarios, médicos veterinarios y auténticos profesionales de la defensa de la vida animal de todo el país están convocando a una megamarcha en la CDMX y diversas ciudades como Guadalajara, Monterrey, Aguascalientes, Morelia, Mérida, San Miguel de Allende, Cancún, Tuxtla, Gutiérrez y Tijuana para manifestar su desacuerdo contra la mencionada iniciativa, que de aprobarse como está planteada, traería graves consecuencias para los seres humanos y los animales también y ante ello, estimado lector, créame que es mejor recibir “el desprecio” de los mercaderes de esta iniciativa que ofrecerles “el desdén” de creer que su ley no nos afecta.

Por hoy es todo, medite lo que le platico, estimado lector, esperando que el de hoy sea un    gran día, por favor cuídese y ame a los suyos; me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser  felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes Dios mediante.

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