Opinión

Libros que suenan|El espejo enterrado: 30 años

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“Si no reconocemos nuestra humanidad en los demás, nunca la reconoceremos en nosotros mismos”.

Hace treinta años, el escritor mexicano Carlos Fuentes dio a conocer su libro El espejo enterrado, un extenso ensayo de la contemplación interna y externa de las raíces culturales de Hispanoamérica.  

En ese entonces, 1992, México era gobernado por Carlos Salinas de Gortari y se firmó el TLC que entró en vigor hasta dos años después.  

También ese año se estrenó Como agua para chocolate de Alfonso Arau, película que recorrió el mundo entero llevando un retrato de las tradiciones que Laura Esquivel narró en su libro con pinceladas del realismo mágico. México salía, aparentemente, de un letargo de crisis que le aturdía desde los 70s.  

El resto de Hispanoamérica no se queda atrás, la ebullición de cambios y transformaciones sociales no pasó desapercibida a la mirada crítica de Fuentes.  El escritor armó una estructura propia del relato para, en torno al ensayo, acercarse al conocimiento de nuestros orígenes y de su presente, muy parecido a nuestros días; sin embargo, ahora como un atisbo a la memoria. 

Un espejo que mira de las Américas al Mediterráneo, y del Mediterráneo a las Américas, para Fuentes, este fue el sentido y el ritmo de su libro, un libro dedicado “a la búsqueda de la continuidad cultural que pueda informar y trascender la desunión económica y la fragmentación política del mundo hispánico”.   

Fuentes inscribe sobre los quinientos años en que se “celebra” la conquista a América. “¿Tenemos algo realmente qué celebrar?”, apunta y nos refiere primeramente ese mundo de los descubrimientos, nuestra relación, esa leyenda con España, y prosigue a las realidades de nuestra tierra. 

 Esa “voluntad de supervivencia” de las culturas en el Nuevo Mundo forjaron el andamiaje cultural que nos acontece. El espejo enterrado es una obra que visibiliza, por ejemplo, la herencia afroamericana, la indígena, y la capitalización de España mientras “se descapitalizaba a sí misma”.  

Fuentes consuma: “Al ingresar el siglo XX, la América Latina descubrió que su meta sería unir la cultura con la historia. Este dilema latinoamericano sería parte de un gran combate universal entre la esperanza y la violencia”.

 La obra procede desde la conquista hasta el abordaje a la España contemporánea, Latinoamérica y la hispanidad norteamericana.  Las reflexiones de Fuentes, luego de treinta años, son un referente de los estudios culturales al respecto de nuestra identidad. 

 Leemos un espejo que refleja, inevitablemente, episodios de la historia que nos construye, sin tregua con lo contemporáneo, lo que todavía somos.    


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