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Los mexicanos presumimos de ser nacionalistas y amar a nuestro país, pero debemos reconocer que la mayor parte del tiempo en realidad somos malinchistas y no conocemos lo que aquí se produce, hasta que un diseñador famoso presenta una colección de ropa y accesorios inspirada en México.

Michael Kors, la minorista Zara y Carolina Herrera son algunos ejemplos de marcas que inspiradas en el arte textil creado en nuestro país, han diseñado piezas que evocan los bordados de Tenango, Hidalgo; el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca; o el famosísimo sarape de Saltillo.

Recientemente, la colección Resort 2020 de Herrera fue calificada por los expertos como una de sus creaciones más bonitas por su colorido; sin embargo, en México ésta fue señalada por ser un plagio y apropiación cultural del arte que realizan los artesanos nacionales.

Ante esto, la Secretaría de Cultura federal exigió a la marca una explicación de la situación, enumerando pieza por pieza y la técnica textil mexicana que estaba siendo utilizada sin consentimiento o crédito de sus creadores. La respuesta por parte de la firma llegó días más tarde en su cuenta de Instagram en donde publicaron: "La colección fue creada desde nuestra admiración y respeto por la rica cultura de México...".

Reflexionemos. ¿Cuántos de nosotros realmente estamos dispuestos a comprar y usar una pieza elaborada por manos artesanas auténticas? La realidad es que muchas personas no conocen ni aprecian lo que aquí se hace. Estamos dispuestos a pagar miles de pesos por una blusa maquilada en montón si es de determinada marca o por un jersey de fútbol, pero no pagamos por una hecha a mano y que termina siendo única gracias a cómo se confecciona.

Somos nosotros mismos como mexicanos los que demeritamos el trabajo de otros mexicanos al no reconocerlo ni consumirlo. Pero, sí un extranjero recrea lo que aquí se produce sí somos capaces de comprarlo o por otro lado, de ofendernos por apropiarse de lo nuestro.

Es urgente modificar la ley de Derechos de Autor para que las obras artísticas de los pueblos indígenas dejen de ser de dominio público y pueda reconocerse su mérito y trabajo, pero es mucho más urgente que todos nos volvamos más cultos. La cultura no es sólo ir a museos o al teatro, cultura y ser cultos es saber apreciar lo que distingue a un país, en nuestro caso las artesanías, la gastronomía y las propias ciudades.

Esperemos que en un futuro no muy lejano, la ropa y accesorios hechos por pueblos indígenas sean consumidos aquí mismo y con más frecuencia, como una compra justa y directa con su creador, y no sólo para "disfrazarse" y verse nacionalistas el día de la independencia.

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