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Siete Puntos

¿El fin justifica los medios?

Siete Puntos

¿El fin justifica los medios?

1. No. Nunca. La frase, atribuida al filósofo y político italiano Nicolás Maquiavelo, sostiene que cuando el objetivo final es muy importante no importan los medios utilizados para lograrlo. La consigna, pragmática y muy aplicada en disputas por poderes de todo tipo, fue inclusive defendida por teólogos como Baltasar Gracián y Hermann Busenbaum. Hoy creo que todos coincidiremos en negar la validez de un procedimiento ilícito con tal de llegar a una meta anhelada, por más loable que ésta pudiera ser. No es ético ni moral.

2. Por ello, resulta extraño –y todavía más la poca atención ofrecida por la comentocracia a– lo dicho en la "mañanera" del miércoles de la semana pasada. Cito textual: "Bueno, lo que se hace aquí (en la conferencia mañanera) es un ejercicio de denuncia. A veces algunos se molestan porque se dan nombres y se hacen juicios sumarios sin que haya pruebas. Sí, está mal: hay que moderarnos en eso, hay que tener elementos siempre, pruebas, pero ayuda el que se ventilen estas cosas, es preferible que haya demasiada denuncia a que guardemos silencio".

3. A ver. Acusar sin pruebas es frecuente... pero en las conversaciones de amigos, prestos para compartir un chisme, justificándolo con el ambiguo "me dijeron" o "parece ser que". Los infundios también se distribuyen en diarios impresos o digitales y noticiarios de circulación nacional e internacional, cobijados bajo el fácil recurso de "dicho por una fuente que pidió el anonimato". Ya no se diga las mentiras que se difunden en las redes sociales. Pero bueno. Estamos ante negocios necesitados de vender o con personas gustosas de mentir.

4. Pero lo expresado en Palacio Nacional es muy delicado... y preocupante. Recapitulemos. Se nos dice, palabras más conceptos menos, que denunciar la corrupción, las arbitrariedades de antiguos funcionarios públicos, los privilegios para los evasores de impuestos, la afectación al patrimonio nacional, el enriquecimiento ilegítimo de algunos empresarios a costa de favores gubernamentales, y un largo etcétera de atrocidades propias del régimen neoliberal, tiene que hacerse... ¿aunque no se tengan evidencias de tales desenfrenos?

5. Un principio fundamental relacionado con la presunción de inocencia es que no se puede acusar sin pruebas. Que se haga desde esa tribuna es sumamente grave, y no estamos sólo ante un desahogo personal o, en el mejor de los casos, ante la difusión de una sospecha extendida. Estamos ante una denuncia que debería ser acompañada de datos y hechos justificantes, y no sólo de juicios sumarios. No se trata de guardar silencio ni de ser cómplices de delitos. Pero tampoco de mandar al patíbulo a supuestos culpables sin comprobarles sus fechorías.

6. Qué bueno que se busca el fin de la corrupción. Todavía mejor el que se den pasos concretos para lograrlo. Pero hacerlo desde la diatriba infundada, con señalamientos flamígeros pero inconsistentes, no ayuda a ese combate. Por el contrario. Coloca al denunciante en una posición de descrédito, invita a que los ciudadanos actúen de la misma manera, y favorece el que posibles culpables se anticipen protegiéndose de la ley. No. El encomiable fin -combatir a la corrupción- no justifica los medios -acusar sin pruebas-.

7. Cierre ciclónico. Qué curioso. Allá por los 90 me invitaron en el entonces DF a moderar un coloquio filosófico en el que participarían un profesor de la Universidad Iberoamericana y una maestra de la Universidad Nacional Autónoma de México. Yo, como académico de la Universidad Pontificia de México, representaba el centro –así dijeron los organizadores–, mientras que el de la Ibero la derecha, y la de la UNAM la izquierda. En 2012, en la Ibero, fue repudiado el entonces candidato Peña Nieto. Hoy nos dicen que la UNAM es neoliberal. Qué curioso.

papcomeister@gmail.com

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