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En Visión Millennial

El final de Yolanda

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El final de Yolanda

Yolanda Martínez Cadena tenía 26 años, era madre de una pequeña niña de 4 años. El día que desapareció vestía una blusa a rayas en color negro y un pantalón de mezclilla. Desde el 31 de marzo desapareció, se le buscó arduamente durante semanas movilizándose autoridad y ciudadanía para su localización. Su papá nunca se cansó de buscarla.

El 10 de mayo del año pasado Yolanda celebró el Día de las Madres y publicaba en su Facebook: "¡Gracias Dios por darme el regalo de ser mamá de mi hermosa niña! Gracias Keyla por ser tan amorosa, inteligente, auténtica y feliz, estoy muy orgullosa de ser tu mami y me encantan tus abrazos, tus besitos, cuando me dices te amo mami, gracias mami, simplemente me encanta todo lo que tú eres y haces. Gracias a ti encontré el verdadero amor hacia Dios. ¡Feliz día a todas las cocreadoras con el Universo!".

La familia de Yolanda, la ciudadanía y las autoridades tenían la esperanza de encontrarla viva; sin embargo, durante la tarde del domingo 8 de mayo se localizó el cuerpo de una mujer en un baldío del municipio de Juárez, y a las horas se confirmó que se trataba de la joven madre.

Junto a Yolanda se encontraba su bolsa de mano, donde se halló dinero y hasta una tarjeta bancaria, al igual que el resto de sus pertenencias intactas. También se localizaban dos recipientes con sustancias venenosas, uno era un insecticida que llevaba la etiqueta "Control 24E" y en el otro se leía la leyenda "Peligro".

La Fiscalía General de Justicia de Nuevo León realizó los estudios del cuerpo y de los objetos localizados para determinar la causa de la muerte de Yolanda. Los mismos estudios también fueron enviados a Estados Unidos para su análisis.

El cuerpo de Yolanda se encontró a 3.5 kilómetros de la casa de su papá, donde ella también vivía. Los resultados de la causa de muerte podrían tardar hasta dos semanas; sin embargo, existe una gran posibilidad de que se tratara de un suicidio.

Y si hubiese sido este el caso de un suicidio, entonces es terrible imaginar lo que Yolanda sintió, lo que pasó por su mente al irse incorporando a ese terreno baldío, agobiante lo que la llevó a tomar esa cruda decisión. De confirmarse que se trató de un suicidio entonces como sociedad no pudimos ayudar a Yolanda, no pudimos hacer nada.

Como sociedad estamos tan ocupados y tan distraídos cada quien con nuestras cosas que podemos pensar que en Nuevo León no ocurren suicidios, podremos ver el tema tan lejano pero la triste realidad es que las cifras son muy altas, ya que como ejemplo tenemos esta escalofriante cifra: de enero a julio de 2021 se registraron 223 suicidios en el estado.

Es que la gente no habla de suicidios, habla de muertes pero no de suicidios... Porque en pleno 2022 todavía es un tema tabú para muchos y de eso no se dice nada, cuando como sociedad tendríamos que afrontar la situación precisamente para prevenir el suicidio.

Miles de personas sufren depresión, ansiedad, tristeza y apatía, otros miles se sienten agobiados y no ven la salida, decenas de miles se sienten solos. Si bien, muchas de esas personas cuentan con apoyo psicológico hay otros muchos que no, y no porque no quieran, simplemente porque no tienen recursos. 

Deberíamos de hablar de la salud mental sin miedos, deberíamos de normalizar que ir a terapia está bien, deberíamos también visibilizar los casos de suicidio en Nuevo León. Nosotros como sociedad deberíamos de estar atentos de nuestros seres queridos, de nuestros amigos y conocidos porque tal vez podamos hacer la diferencia para alguien, y así, ayudarlo a salvar su vida. 

Como sociedad debemos trabajar más en nuestra empatía y ser más amables con todos, porque tal vez el desconocido que tenemos en frente está pensando en quitarse la vida o imaginando que no tiene otra salida, cuando si ponemos un poco de atención podamos quizá intentar ayudar en algo. 

Mientras que las autoridades estatales y municipales también deberían de implementar programas para brindar apoyo psicológico, porque, insisto, hay personas que sí quieren ser atendidas y encontrar una solución pero no tienen los recursos económicos para ir a terapia. Las personas con riesgos suicidas también merecen ser salvadas.

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