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El origen del aguinaldo


Diciembre es época de contrastes. Mientras miles de trabajadores esperan ansiosos su aguinaldo, cientos de microempresarios sufren para poder cumplir con la obligación de pagarlo, y no siempre por falta de planeación. La competencia desleal, multas inesperadas, cartera vencida, extorsiones y muchos otros imprevistos a veces complican las cosas. Aún así, es de reconocer que la gran mayoría busca la manera de cumplir con esta obligación. Pero, ¿de dónde nació la costumbre de, en época navideña, dar aguinaldo a los trabajadores?

Tradicionalmente se ha dicho que la palabra aguinaldo tiene origen en la expresión latina “hoc in anno”, que significa “cada año”. Parece muy convincente ya que, en efecto, dar y recibir aguinaldo es un evento de frecuencia anual. No obstante, ciertos hallazgos indican que el origen de esta voz hay que buscarlo más al norte de Roma.

Primero diremos que es al sol a quien debemos agradecer o reclamar, según sea el caso, la existencia de esta tradición. Desde tiempos muy remotos, para las antiguas culturas europeas, los momentos cercanos al solsticio de invierno eran motivo de regocijo y no era para menos, ya que después de este evento astronómico empezaría la victoria del astro rey. Cada día amanecía con la promesa de más luz, más calorcito y más alimento. Esto despertaba en los hombres esperanza y nobles sentimientos que manifestaban con regalos, fiestas y buenos deseos para sus semejantes.

En la cultura romana, en este momento del año, era costumbre regalar algo nuevo y además algunas ramitas de laurel o encino procedentes del bosque sagrado de la diosa Strenia, antigua divinidad sabina protectora de la salud y la felicidad. De ahí quedaría que a esos regalos de fin de año los llamaran “ strennas”. Como huella de este rasgo cultural, en castellano nos quedó el verbo estrenar, con el que decimos que estamos usando algo nuevo.

Más al norte, los celtas más o menos hacían lo mismo que los romanos, sólo que ellos tenían una ceremonia que presidían los sacerdotes llamados druidas. Con cánticos y festejos, iban por los bosques repartiendo muérdago entre los pobladores, que recibían esta planta como un amuleto que los protegería y además les traería todo tipo de parabienes en el nuevo ciclo que comenzaba. En la lengua de este pueblo, muérdago se decía “guillán”, por eso a la festividad en tierras francesas la llamaban “le guillaneu” y este nombre llegó al castellano como “guilando”, que después se dijo aguilando, aunque en algunas partes, como en México, se distorsionó la palabra y dijimos aguinaldo, ya cuando la costumbre se integró a la Navidad cristiana.

En castellano antiguo, para nombrar a los obsequios navideños, igual se usaba la palabra “estrenas” tomada de los romanos que el “aguilando” tomado de los celtas. No siempre se trataba de algo material, muchas veces fueron unos versos o un simple canto navideño. En algunas partes se desarrolló la tradición de ir por las calles tocando puertas y cantando villancicos que incluían la petición del aguilando. Un tradicional villancico español rezaba: “Si no me das el aguilando, al Niño le voy a pedir, que te dé un dolor de muelas, que no te deje dormir. Si no me das el aguilando te echo la puerta abajo, y luego vengan los albañiles y te la peguen con barro…”. Las tradicionales posadas mexicanas y también La Rama veracruzana (¿el muérdago de los druidas?), son herederas de algunos rasgos de aquellos antiguos ritos.

Sería después que esa costumbre de dar a los trabajadores un regalo navideño, sólo por buena voluntad, pasó a ser una obligación legal para los patrones.

Así que ya ven, como palabra, el aguinaldo no procede de la expresión latina “hoc in anno”; viene de “ le guillaneu”, una palabra celta que nombraba al muérdago protector que, de puro gusto, se regalaba cuando se cumplía la cadañal promesa de la resurrección del sol.

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