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Cabrito Mayor

El poder enferma

Cabrito Mayor

El poder enferma

Sin duda alguna el encabezado de mi columna de hoy, atesora toda una gran y dolorosa verdad en sus palabras. Como sociedad hemos sido víctimas constantes de esta terrible enfermedad que ataca como el coronavirus, a todos, parejo y por igual pero... ¿Que tendrá "el poder" que irremediablemente enferma a las personas que por fortuna o para desgracia llegan a tener contacto para después querer vivir afanosamente abrazado en él?

Es evidente que siendo a pesar de los ojos de la 4T repugnante, el ser humano por una condición de genética natural y desarrollo humano para enfrentar la vida es irremediablemente aspiracionista y busca por consecuencia conquistar sus anhelos, deseos o sueños personales en beneficio de su propio bien.

Así pues, aspiracionista es en conclusión prácticamente todo aquel ser humano que tiene un deseo legítimo aunque sea ilegítimo y lucha denodadamente por conquistarlo; sin embargo, lamentablemente la falta de valores sociales y principios morales como la rectitud, lealtad, honestidad y honra entre algunos otros hace que esa lucha por el bienestar personal sea muchas veces desleal, deshonesto y, por supuesto, deshonroso, y en ocasiones hasta criminal.

En la construcción personal de la vida, la preparación para enfrentarla es fundamental para aspirar ejerciendo una plena libertad y a base de lucha y esfuerzo, a conquistar el bienestar personal en armonía con el resto de la sociedad empotrerándose poco a poco para colocarse en el sitio en el que per se se ha fraguado.

Sin embargo, esta consecución muchas veces viene acompañado del "poder", que hoy por hoy se ha constituido en una terrible "enfermedad" que si no es, como toda enfermedad, bien tratada para contrarrestarla a base de esos "medicamentos" que son los valores sociales y principios morales para al menos mantenerla a raya, aqueja no sólo a quien "se infecta" de ella, sino a todo aquel que en su entorno depende.

En síntesis, tenemos que el "poder" bien tratado puede ser encaminado por el principio del bien y con ello, derramar todos sus beneficios a su entorno, pero esta "enfermedad" mal tratada desparrama todos sus perjuicios por igual.

Así pues, estimado lector, tenemos hoy como sociedad que hemos sido victimados por aquel que en algún momento nos ofreció con sus sueños y sus anhelos de "poder" luchar por el crecimiento, la seguridad, la paz, la armonía y el bienestar social, mismos que ahora en estos momentos lo tienen con pavor enfrentando a nivel de cualquier "mortal" a la justicia colectiva, manteniéndolo postrado en la reclusión y el aislamiento de sus propios pensamientos encarando a su conciencia de esta deleznable realidad. 

El camino para llegar a la verdad y la justicia es largo todavía, faltan muchos cuestionamientos y "asegunes" por dirimir junto con el tiempo para dar el debido cumplimento a la justicia que las propias normas dictan. 

Quizás, estimado lector, usted piense que con lo escrito me refiero a aquel que, como se dicta en el Quijote, "de cuyo nombre no me quiero acordar" y que hoy se encuentra recluido en una fría mazmorra penitenciara enfrentando una realidad que hoy le han obsequiado sus consecuencias, pero no, los pensamientos de mi columna de hoy se van de ahí pasando por toda aquella gavilla de "colaboradores" bajo sospecha, amparados y "aspiracionístas" a ello, hasta llegar al extremo opuesto de esa celda y que se ubica en el inquilino que entre paredes de nuestro Palacio Nacional evidentemente vive en su propia libertad contrapunteada, "preso" de esta maldita enfermedad.

Por ello, estimado lector, veo en lo particular y con mucho agrado el progresivo empoderamiento de las nuevas generaciones de políticos locales que han mostrado a pesar de su juventud que no pierden el piso gracias a los valores sociales y principios morales con los que han sido criados para honrar con dignidad los cargos de los que temporalmente son depositarios.

Ojalá que ellos no caigan víctimas de esta terrible enfermedad a pesar de conocer el camino exacto de los valores humanos imprescindibles para su cura, pues como sociedad aún seguimos padeciendo grandemente y en todos los niveles, las secuelas de esta maldita y deleznable enfermedad que significa "el poder".

Por hoy es todo, medite lo que le platico, esperando que el de hoy sea un hermoso inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: "Tengan la bondad de ser felices". Nos leemos aquí el próximo lunes.

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