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Latitud |El retorno del tapeo o #EsClaudia

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El retorno del tapeo o #EsClaudia

Quienes tenemos más de 50 años fuimos un experimento ideológico que duró muchas décadas. Somos la Generación del PRI Tuneado.

La patria fue un enorme laboratorio político que se ha pasado el poder de padrinos a ahijados. 

Con los años, el experimento fue variando de nombre, pero puede concentrarse en dos palabras: nacionalismo revolucionario. 

Algunos mandatarios le han endilgado sinónimos: “régimen de izquierda dentro de la Constitución”, “renovación moral”, “liberalismo social”, solidaridad, Cuarta Transformación (4T), etcétera. 

Este experimento ideológico tuvo rasgos de control social similares al peronismo argentino. 

Sufrió mutaciones e injertos, demagogia y excesos, matices y exageraciones, mentiras y éxitos francamente luminosos de los años 40 a los 60.

La marca de la casa fue el estatismo, la división social en sectores, el asistencialismo con fines electorales, un panteón secular de mártires con el mal hábito de ser fusilados, la insidia de que todo comerciante es un vampiro y vive de chuparle la sangre a sus empleados.

Este experimento ideológico cultivó una terminología muy propia: el tapado, el ungido, el dedazo, los reaccionarios, el fraude patriótico, el tricolor, el tlatoani, el Tata, “el compadre del preciso”, “el que se mueve no sale en la foto”, el Himno Nacional como oda a la guerra, el “sí señor”, el “son la hora que usted mande, señor”, la moral como árbol que da moras, el líder charro y “las corcholatas”. 

Otros términos de mala fama son los tecnócratas, los acarreados de los mítines, la banderita, el sombrero  y la torta, la caballada flaca, el caballo negro, los jilgueros, los cachorros de la Revolución, el chayotero, el cochupero, y un ramillete de instituciones sociales, usadas por los gobernantes como caja chica, pero que sirvieron a su modo para conjurar cualquier conato de levantamiento popular. 

El secreto de este experimento ideológico fue tener medio contentos a toda la ralea de pedigüeños del gobierno bajo un lema patriotero: “silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz”. La dádiva, el subsidio y la beca. 

Un buen día los electores amanecieron de malas y le dieron en la torre al experimento ideológico del nacionalismo revolucionario. 

Otro buen día, los electores volvieron a amanecer de malas y remataron las posibilidades de cambiar el experimento político por una sociedad abierta. 

Nos volvimos una sociedad oscilante entre el crimen organizado y el crimen autorizado. Miles de muertos y el narcotráfico como gobierno paralelo.

Ahora han vuelto los tapados, con el nombre de corcholatas. El tiempo quedó congelado y hemos regresamos al experimento ideológico de antes. 

Casi todos los mandones de la 4T son priistas renegados y uno que otro panista desperdigado, bautizados en las aguas prístinas por un señor que habla como quien evangeliza. 

La clave de tantos años de control social fue la personalización de la política con un plazo de caducidad de seis años. Ahora el plazo se quiere estirar como una liga. 

Así se resume el cambio de mandos y la democracia a la mexicana, con un nombre que ya debe uno aprender a escribir bien: Claudia Sheinbaum. 

Y ya comienza uno a creer que esto del poder despótico no tiene ningún remedio.


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