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#SinAgua

La falta de suministro de agua potable en el estado de Nuevo León ha puesto contra la pared a la población entera y, con ello, ha trastocado cualquier normalidad a la que podríamos aspirar a tener. 

Parece increíble que un ingrediente tan relevante para la vida llegue a escasear de esta manera, y que tengamos un gobierno atado de manos para resolver la carencia. Y también es algo poco común que pensemos que la llegada del agua a través de una tubería hasta la comodidad de nuestra casa, sea recortada a tal grado que ni siquiera vimos la magia cuando la teníamos y ahora la exigimos sin ver las complicaciones materiales y de infraestructura.

Las presas no se secan de un día para otro y la población no creció tampoco de la noche a la mañana. ¿Entonces qué es lo que nos pasó? Vamos a desmenuzarlo parte por parte.

El gobernador Samuel García dice que todo es culpa del "Bronco", "El Bronco" dice que él no es responsable de que haya escasez. Don Samuel también dice que los ciudadanos somos responsables por despilfarrar el agua en nuestros hogares y los ciudadanos dicen que es culpa del gobierno. Samuel exhibe tomas clandestinas de agua a través de perforaciones en el acueducto de El Cuchillo a Monterrey y también del de Cerro Prieto a Monterrey.

Que si el estadio de los Sultanes se roba el agua, que si las grandes empresas cerveceras y refresqueras usan el agua para lucrar. Que no, que es el abusivo comerciante el que le quita el agua a los pobres. Sobran expresiones de culpa.

Pero la búsqueda de culpables no va a resolver el problema. En realidad lo que está consiguiendo el gobernador es que haya más rivales enojados con él en todos los frentes.

Pero hay un plan, dice, para resolver el abasto de agua hasta 2050 y fue presentado con bombo y platillo, como si de un acto de magia de circo se tratara. Hace un par de domingos vimos la presentación y, con ella, los disparates y contradicciones. De todo lo presentado como un "plan", resulta que las grandes obras son sólo una posibilidad y todo lo demás es rezarle a Dios para que nos mande un huracán que llene nuestras presas y ese milagro se lo atribuyamos a San Samuel.

La falta de compromiso para resolver de fondo el problema está presente en este gobierno, aunque no es exclusivamente suyo. Ya desde hace 12 años se viene discutiendo si debemos traer el agua del río Pánuco, o de la presa Vicente Guerrero. Que si mejor del Golfo de México o mejor hacemos pequeñas obras de recarga de los mantos acuíferos metropolitanos. Lo que es una verdad de a kilo, es que ninguna opción ha sido decididamente apoyada para convertirla en realidad y se ha quedado como un enunciado en Twitter.

Discrepo del gobernador y sus formas. No es nota tras nota periodística como se va a resolver y, lo peor, es que ya vimos que cada nota es una llamarada de petate en la que se llama la atención pública por unos momentos, pero se queda sin sustento al llegar la noche.

Buscar o encontrar culpables no le quita, en ningún momento, la responsabilidad de hacer algo concreto para resolver este entuerto.

Varios estados de la República están en las mismas condiciones, pero no estamos para hacer nuestro el refrán de "mal de muchos, consuelo de tontos".

Las fugas en las tuberías están aquí y ahora, de modo que no hay excusa para repararlas. Eso se tiene que hacer. Los robos deben solucionarse y castigar a los responsables, y de eso tampoco queda duda. Pero son temas de la justicia.

Al poblador de estas tierras le molesta estar sin solución y que le digan que si viene un huracán estaremos salvados, pero más que nada le molesta que la racionalización del líquido se anuncie de una forma y no se cumpla con ella, porque las excusas le sobran al gobierno.

Los nuevos tiempos han producido nuevas tecnologías que se pueden emplear para desalar, otras que hacen condensaciones para captarla en el lugar que se requiere y no tener que transportarla. ¿Por qué no entrar en la modernidad?

El mayor impacto de esta crisis está en la vida diaria, y de ahí que el enojo se haga más y más público. Porque es innegable que se ha generado una psicosis parecida a la del inicio de la pandemia de Covid-19, dado que la esperanza de una solución es más incierta cada vez que el gobernador abre la boca para anunciar o denunciar algo. Más aún, el impacto que está teniendo en la educación se multiplica ahora, ya que desde ayer lunes los alumnos pueden optar por no ir a la escuela, porque no hay certeza de que haya agua en su plantel escolar.

Y qué decir del impacto financiero en los negocios que por su naturaleza requieren agua, tales como la estética que peina y pinta cabellos; el restaurante que la necesita para cocinar y tener un baño para sus clientes; el dentista que sin agua no puede dar servicio a sus pacientes; el hospital que atiende a sus enfermos; el deportista que suele ir a correr o ejercitarse y requiere bañarse; la mujer que en su menstruación requiere asearse más frecuentemente; el refugio de animales que no puede asistir a sus peluditos; cualquiera que en su casa no le puede asear a su propia mascota su espacio vital. Y el caso que tú tienes y no escribí en estas líneas.

Todo esto incide en la salud y provoca una vida más sedentaria, con el consiguiente deterioro de la salud comunitaria, la nutrición, el estado anímico y la infusión de temor a quedarse sin agua.

No. No se puede postergar la solución de fondo al problema del agua. Es tiempo de que se acaben los "días de campo" del gobernador y se dediquen horas a las mesas de trabajo en su oficina, con los expertos, con sus colaboradores, con los que saben, para que de una vez por todas se haga un plan de ejecución y no un cúmulo de anuncios publicitarios en redes sociales.

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