OpenA
Opinión

El síndrome del búnker

Opinión

El síndrome del búnker

La permanencia de Alejandro Moreno en la jefatura del PRI pone en riesgo a la coalición Va por México, compromete las elecciones de gobernador en Coahuila y Estado de México y las presidenciales de 2024. En ese escenario catastrofista, el senador Miguel Ángel Osorio propone al PAN y al PRD suspender negociaciones mientras se nombra al sustituto de Moreno. El exgobernador de Hidalgo y secretario de Gobernación de Peña Nieto acusa a Alito de "perder todo" (19 gubernaturas). El desprestigio por los audios sobre su fortuna y el desvío de recursos públicos ("que él no ha salido a aclarar") tiran al partido (Reforma, 24.06.22).

Atrapado en el ojo del huracán y desahuciado, Moreno intenta prolongar sus días en la dirigencia del PRI, pero cada movimiento lo hunde más. "Nadie somos imprescindibles" ni se puede aspirar a la candidatura presidencial y ser líder del partido al mismo tiempo, le recuerda Enrique de la Madrid, quien pretende la postulación. "La situación de Moreno sí impacta, y estamos seriamente preocupados porque se trata de construir una alternativa para los mexicanos, y para eso se necesita (...) que haya buenos candidatos (...) y cuidar también el prestigio de los partidos".

Moreno se resiste a tirar la toalla. Su argumento, rebatible, es que fue electo para un periodo de cuatro años. Sin embargo, ningún estatuto está por encima de la Constitución (federal o local), y él abandonó la gubernatura de Campeche 14 meses antes de terminar su mandato para ocupar la presidencia del PRI por medios tramposos, apadrinados por los gobernadores. Alito puede ser corrupto, pero no es idiota, aunque a veces lo parezca. Se aferra al cargo por instinto, pues una vez fuera de la sede partidista será devorado por los tiburones. Las investigaciones de la Fiscalía General de Campeche y de la General de la República pueden derivar en su desafuero como diputado y su vinculación a proceso.

El líder del PRI está cada vez más aislado y busca apoyos hasta debajo de las piedras. El emplazamiento de nueve de sus predecesores —entre ellos su mentor Roberto Madrazo, quien impuso su candidatura presidencial en 2006— para que renuncie, lo respondió con una reunión con exgobernadores. Perdedores igual que él. Rolando Zapata (Yucatán), Alonso Reyes (Zacatecas), José Calzada (Querétaro), Ignacio Peralta (Colima), Salvador Jara (Michoacán) y Jorge Herrera (Durango) fueron sucedidos por panistas y morenistas. Rubén Moreira, otro de los asistentes, operó las elecciones de Campeche, Nuevo León e Hidalgo, donde la candidata de Va por México fue su esposa Carolina Viggiano. En todas perdió.

El partido fundado por Plutarco Elías Calles atraviesa su peor momento. Con sólo dos gubernaturas (Coahuila y Estado de México) y la pérdida masiva de votos y de cuadros, su recuperación luce imposible. El descrédito de Moreno es irreparable y el silencio del PAN y el PRD frente a los escándalos de Moreno, refleja una crisis mayor. La coalición Va por México se tambalea. A menos de dos años para las presidenciales, no ha construido una sola figura capaz de competirle a los precandidatos de Morena (Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López). Tampoco ha podido dañar al presidente, cuya aprobación de más del 60% le reditúa votos a los candidatos de Morena. Las elecciones en Coahuila y Estado de México están a la vuelta de la esquina y en ambas la intención de voto favorece al partido de AMLO.

×