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El porqué de las cosas

El valor de visibilizar

El porqué de las cosas

En el 2008 colaboré como psicólogo en la red de centros comunitarios del Estado, dentro de mis labores se encontraba trabajar con jóvenes pertenecientes a pandillas de Apodaca, específicamente en la colonia Santa Fe. Ahí conocí a los Warriors, a los Vatos Lokos y a los Punks, con quienes además de compartir espacios y saberes, desarrollé una amistad.

Patillas largas, mohawks, música colombiana, vestimenta de cuero, converse blancos y perforaciones. Las tres pandillas eran diferentes en muchos aspectos, pero con algo en común, les unía la discriminación y exclusión que sufrían por su manera de vestir y/o de hablar. Discriminación y exclusión fundamentada en prejuicios y estereotipos, de sus vecinos, de los funcionaros públicos, de la sociedad.  

Es evidente que la sociedad regiomontana, como muchas otras, se nutre de prejuicios que fortalecen la discriminación que sostiene el statu quo del regio cool. Visibilizar estos prejuicios suele provocar molestias y quejas en quienes llaman despectivamente ‘película de cholos’ a un filme por el hecho de no sentirse representados.

Ya no estoy aquí visibiliza una parte ‘indeseada’, pero existente, de nuestro estado, le da vida a quienes han sido excluidos por mucho tiempo, atenta contra el statu quo del regio (ese cercano al american dream) y posiciona a su cultura subalterna como una fuente rica en conocimiento, en sentimiento y en humanidad teniendo a la música y el baile como dispositivos de emancipación.

Para nuestra fortuna, al igual que a Ulises y los Terkos, a los Warriors, Punks y Vatos Lokos también les unía la música y el baile, encontraron en ellas un idioma universal, mismo que en Ya no estoy aquí transmite todo lo que el protagonista calla. Los diálogos fueron acordes y el sentimiento se hizo música. La música y el baile conectaron con eso que, a pesar de la distancia, la discriminación y la melancolía, nos mantiene vivos y nos sujeta, el estandarte de la cultura.

Sigo teniendo contacto con varios de los chavos de Apodaca mediante las redes sociales, a algunos los encontré en el interior del penal del Topo Chico (cuando formé parte de un programa con familias de internos), habían caído por faltas menores. Pero también, lamentablemente, unos cuantos fueron asesinados en la fallida guerra contra el narco. 

En Ya no estoy aquí no hay actores interpretando personajes, hay personas integrantes de comunidades, dispuestas a compartirnos el sentimiento de los suyos, mismos que necesitamos conocer para posicionarnos y visibilizar a la persona detrás del prejuicio. 

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