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Pensando en la gente

En defensa de los maestros nuevoleoneses

Pensando en la gente

En defensa de los maestros nuevoleoneses

Nuevo León ha sido cantera de importantes docentes que cumplieron con creces su labor como educadores, académicos, gestores y funcionarios públicos. Forman una larga lista de la que sólo referimos a Serafín Peña, Pablo Livas, Miguel F. Martínez, Plinio D. Ordóñez, Moisés Sáenz, entre otros. Ellos sentaron las bases para que miles de nuevoleoneses se formaran como ciudadanos de bien. Dedicaron la mayor parte de su vida a instruir y educar con su conocimiento, así como a formar y trasformar con su ejemplo y experiencia. De estas generaciones han abrevado miles de profesoras y profesores que siguiendo el ejemplo de sus mentores se esmeran en educar a los niños y adolescentes que asisten a los planteles oficiales. 

Decía el benemérito Dr. José Eleuterio González "Gonzalitos", que los maestros eran como unos segundos padres, por su importante función formadora desde la infancia hasta la vida productiva. Por mucho, la fortaleza de nuestra entidad descansa en sus docentes, en ellos se encuentra nuestra esencia y la vocación por servir a la comunidad. Hay que tener cuidado a la hora de criticar –y peor aún, de juzgar– su labor, antes de hacer esto es prudente reconocer su legado histórico y ponernos "en sus zapatos" por unos momentos para comprender su día a día.  

Actualmente se tiene un registro de 48,936 maestras y maestros que imparten clases en algún plantel educativo público. En los últimos dos años, cuando arremetió la pandemia del coronavirus, han estado en la primera línea de acción; es decir, han arriesgado su vida al servicio de los nuevoleoneses, al igual que el personal de salud. 

Al principio de la crisis sanitaria, el gobierno les dio instrucciones para que impartieran clases en línea y a través de programas por televisión. Aunque esta modalidad no causó el impacto esperado por las limitantes tecnológicas del sistema a distancia con que contaban, los profesores hicieron lo mejor que pudieron por sus alumnos: atenderlos por teléfono, WhatsApp, Facebook, Zoom, entre otras aplicaciones, para guiar a sus educandos y cubrir los programas. A esto hay que agregar, que además de no brindarles capacitación para el desarrollo de sus habilidades en el ciberespacio, tampoco se les brindaron computadoras ni tablets, tuvieron que costear el cable que les permitió el acceso a las plataformas y, desde luego, el incremento en el recibo de luz eléctrica por todo lo que implica el home office. Todo lo anterior tuvo que salir del bolsillo de las maestras y los maestros. 

Debemos reconocer que realizaron un gran esfuerzo y cumplieron hasta donde les fue posible, a pesar de que la Secretaría de Educación Pública del estado no les otorgó ningún apoyo –trato que se ha extendido hasta hoy– para 

llevar a cabo su noble labor. 

Hace nueve meses los inocularon con la vacuna CanSino, a pesar de que no estaba autorizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los propios fabricantes reconocieron su poca inmunización en contra del Covid-19, pese a esto, los maestros estuvieron el año pasado acudiendo físicamente a los salones de clases a pesar del riesgo que corrían. 

Tanto en la administración pasada como en la actual, lo único que ha existido de parte de la secretaría del ramo han sido solamente palabras, a lo mucho acciones mediáticas para aparentar que están preocupados por la salud del personal educativo. En este regreso a clases las pruebas de Covid han brillado por su ausencia, no ha sido tema en ningún lado, esto con el fin de que el gobierno estatal no gaste dinero en millones de pruebas que debería estarles realizando. El paquete para proteger a los alumnos y maestros ha sido erogado por ellos mismos. Quieren que realicen labores de médicos generales, al identificar con la vista a los alumnos que posiblemente estén contagiados. 

Mientras que el gobierno del estado se jacta de realizar 6,052 pruebas al día, hay que señalarle que solamente la empresa Aeroméxico realiza 2,000 para salvaguardar la salud de sus empleados. El Ejecutivo estatal debería estar haciendo 1 millón de pruebas por semana a todo el personal docente y administrativo de los planteles oficiales. Los maestros deberían estar bien vacunados con dos dosis de la vacuna moderna. Se les debería entregar un paquete que mínimo contenga: cubrebocas, mascarillas, gel antibacterial, sanitizante y toallitas. Se tiene que revisar aquellos salones que no cuentan con abanicos, para que el gobierno del Estado los suministre, entre otras necesidades básicas.

Es muy "bonito" criticar la labor del magisterio cuando nunca se han manchado las manos de gis o tinta, ni han estado al frente de 40 alumnos inquietos, instruyéndolos y revisándoles sus tareas, dialogar con los padres, trasladarse todos los días y estar a tiempo con lluvia, frío o calor, en su mayoría con un nivel de vida modesto en virtud de sus sueldos; en fin, un apostolado que no debe ningunearse ni enlodarse, así se trate del propio mandatario estatal, quien debería de ofrecer una disculpa pública a las maestras y los maestros de Nuevo León por su desafortunado comentario del domingo 9 de enero en el que dio a entender que la labor del magisterio no contaba, que se perdieron dos años del programa educativo debido a la pandemia: "...son dos años irrecuperables que hemos perdido y no podemos perder una semana más...", expresó.  

Hay que decirlo claramente, el gobierno de Samuel García no se pone las pilas para sacar adelante el presente ciclo escolar, sigue sin atender los problemas reales que vive día a día el magisterio de Nuevo León.

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