RICARDO SALINAS PLIEGOMonterrey
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Estados Unidos no necesita un muro más alto


A pesar de numerosos y complejos problemas en la relación bilateral, México es un socio estratégico muy importante para Estados Unidos, país que a su vez es clave para la economía mexicana. Esto fácilmente se olvida cuando los representantes de los sectores más retrógrados de ambos países se expresan en los medios. Ofrezco algunos datos duros que muestran nuestra realidad.

México se ha transformado en una pujante economía abierta de $1.3 billones (millones de millones) de dólares anuales y que recientemente sobrepasó a España como la doceava más grande del mundo –y en pocos años se estima que superará a la del Reino Unido en términos de paridad de poder de compra.

Si bien es cierto que nuestro país aún enfrenta retos muy importantes, como el de la seguridad de las personas, desde la promulgación del TLC hace 20 años, el comercio entre México y EUA se ha quintuplicado hasta superar los $500,000 millones de dólares al año.

Bilateralmente, la inversión extranjera directa supera los $100,000 millones de dólares, casi un quinto de esta cifra corresponde a proyectos de compañías mexicanas en EUA. Me refiero a verdaderas corporaciones globales como Grupo Bimbo, Cemex, América Móvil, Grupo Maseca y Grupo Salinas, entre otros cientos de empresas que también tienen mucho que ofrecer a millones de consumidores en Estados Unidos.

Más de 6 millones de empleos en EUA dependen directamente de nuestra relación bilateral –muchos millones más en México. Desde actividades como el comercio y los servicios, hasta la logística y las finanzas, hoy existen muy pocas industrias que no hayan sido beneficiadas por nuestra alianza. Lo mismo aplica para ciudades y regiones enteras.

Decenas de ciudades, en ambos lados de la frontera, se incorporan gradualmente a esta colaboración estratégica, creando miles de nuevos empleos cada año. Sólo una miopía extrema y obsoleta puede evitar que un verdadero empresario considere la infinidad de posibilidades que facilita nuestra relación bilateral.

Naturalmente, la economía mexicana ha sido profundamente transformada por esta relación, de la misma forma en que está cambiando la economía estadounidense.
Consideremos, por ejemplo, que hace dos décadas el 80% de las exportaciones mexicanas se relacionaban con la industria petrolera. Hoy 90% de nuestras exportaciones se clasifican como no-petroleras: la mayor parte son manufacturas de calidad mundial. De hecho, la balanza petrolera muestra un déficit para México de $3,400 millones de dólares en la primera mitad de este año.
 
De acuerdo con el Centro Woodrow Wilson, México es el destino principal de las exportaciones de cinco estados de nuestro socio comercial: California, Nuevo México, Texas, New Hampshire y Arizona, de la misma forma en que es el segundo destino para las exportaciones de 17 estados más.

Hoy, México se ha convertido en el séptimo productor automotriz del mundo y nuestra industria es una pieza integral de su contraparte en América del Norte: una a una, muchas otras actividades económicas se fortalecen por la enorme complementariedad de nuestras economías.

Aunque parezca increíble, las exportaciones manufactureras mexicanas han superado a las de todos los demás países latinoamericanos de manera combinada. México ha firmado 12 tratados de comercio con 42 economías, más que cualquier otro país en el mundo.

Este hecho representa una gran oportunidad para que miles de compañías en Estados Unidos expandan su presencia global, como lo hacen ya cientos de ellas. Para comprender realmente el potencial de esta alianza, es necesario enfatizar que nuestra relación bilateral no es un juego de suma cero: es una situación de ganar-ganar que merece ser llevada a su máximo potencial.

Hoy, para Estados Unidos, México representa mucho más que drogas, crimen y migración irregular. Así es que debemos decirlo con toda claridad: un muro más alto no beneficia a nadie –más que a un puñado de contratistas. Lo que un verdadero estadista debe considerar con seriedad es cómo vamos a llevar esta relación económica a su máximo potencial, para beneficio de más de 400 millones de personas.

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