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Interrumpo la secuencia de mi artículo de ayer sobre los dueños de México y el ADN de los políticos multipartidos que se refugiaron en Morena, porque ayer me buscó un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, ICE, por sus siglas en inglés.

Cuando comenzó a explicarme la razón de su llamada ni quería preguntarle su nombre, porque supuse que apelaría al anonimato, pero no fue así: Se llama Randolph Stewart y fue uno de los comisionados que tuvieron a su cargo este miércoles la mayor redada de indocumentados (280) de los últimos 10 años en territorio norteamericano, que ocurrió en el poblado de Allen, 24 kilómetros al noreste de Dallas.

Les platico: Un alto funcionario del ICE viajó desde Washington para reunirse el lunes pasado con Katrina Berger, agente especial del Departamento de Seguridad Nacional asignada a Dallas. Randolph trabaja bajo las órdenes directas de ese alto funcionario, que llegó con él a la ciudad texana el fin de semana pasado.

En una reunión que tuvo lugar ese lunes 1 de abril, el alto funcionario del ICE fue muy explícito al exponer ante Katrina y su equipo, que los altos mandos del gobierno de Estados Unidos (nunca mencionó a Trump por su nombre) se encontraban muy contrariados por la nula intervención de los mexicanos para frenar las caravanas de migrantes centroamericanos.

Randolph me comentó que su jefe les explicó a la agente especial de Seguridad Nacional y a su equipo local, que los reportes de inteligencia fronteriza ubicaban en las inmediaciones de Dallas una importante concentración de ilegales o personas con documentos falsos trabajando para una empresa de tecnología.

La versión que acordaron dar a conocer oficialmente a la prensa cuando el operativo se hubiere realizado, fue que dicha intervención estaría basada en una auditoría practicada aleatoriamente al personal y a los directivos de esa empresa en enero de este año.

En la reunión preparatoria del lunes pasado, Randolph tuvo a su cargo la coordinación de la logística con el equipo de Katrina y se dispuso que fueran no menos de 20 elementos ni más de 30 los que se encargarían de la redada en las instalaciones de la empresa CVE Technology Group, dedicada a la realización de reparaciones masivas de aparatos de telefonía.

Como resultado de la intervención, exactamente 283 personas fueron detenidas y llama la atención que en el reporte de Randolph, menciona que sólo había siete mexicanos y el resto eran hondureños (el 40%), salvadoreños (el 30%) y el resto entre guatemaltecos, nicaragüenses y de otras nacionalidades.

Se trató de un golpe "quirúrgico" ordenado por el gobierno de Trump que coincidió con la reciente visita a México de su yerno Jared Kushner, quien comió con López Obrador, Olga Sánchez Cordero y otros funcionarios mexicanos, en la casa de Bernardo Gómez, vicepresidente de Televisa.

Para los despistados, la presencia en México del también asesor personal de Trump fue para concretar en el país un plan de inversiones norteamericanas por $10,000 millones de dólares, tal cual fue anunciado en rueda de prensa.

Pero la versión de Randolph sobre lo que hay detrás de la detención de los centroamericanos, fortalece la idea de que el yerno de Trump vino a México a pedirle directamente a AMLO que frenara las caravanas que actualmente van en camino a Nuevo Laredo y otros puertos fronterizos.

Jugando a quién sabe cuál "estrategia", el presidente republicano ordenó a su secretaria de Gobernación que respondiera socarronamente esto: "México no detendrá las caravanas de migrantes, las regulará". 

Sabrá el Dios de Spinoza qué quiso decir Sánchez Cordero con eso de que nomás las "regulará", pero fue obvio que esta respuesta no le cayó en gracia a Trump, quien al día siguiente amenazó con cerrar sus fronteras "porque México no está haciendo nada por detener a los migrantes que quieren entrar ilegalmente a Estados Unidos".

Sin ánimo de defenderlo –porque no es santo de mi devoción–, Trump no es el responsable de los casi $8 millones de dólares diarios que está perdiendo la economía mexicana debido a las demoras de hasta 12 horas para que los camiones de carga pasen al otro lado.

Tampoco va a ser responsable de la pérdida que ya están anticipando los sectores más activos de la industria y de los empresarios mexicanos, –que no el CCE, pues sigue pecando de tibio– si el presidente gringo cumple su amenaza y cierra las fronteras.

Es difícil que eso suceda, pero lo que ya está ocurriendo es que la "operación tortuga" que el departamento de aduanas de EUA aplica para los cruces hacia el norte, tiene desquiciado al comercio de ambos países.

Supe que ayer vino a Monterrey Ricardo Peralta, el nuevo administrador general de Aduanas, a reunirse con empresarios regios, quienes seguramente le pintaron el negro panorama que vive la movilidad fronteriza.

No hace mucho su jefa, la directora del SAT, Margarita Ríos-Farjat, lo regañó por andarse brincando las trancas al dar a conocer sus planes de trabajo, sin contar con la centralista bendición republicana que caracteriza al gobierno de AMLO.

Pues espero que en su reunión con los ipecos locales se haya llevado como tarea una sola cosa: Mandarle decir al presidente mexicano que mida bien las consecuencias de ponerse a las "vencidas" con Sansón.

CAJÓN DE SASTRE

"El tema de hoy es bueno, gracias, pero síguele mañana con los políticos que mangonean a Morena... y al país. ¿Ok?", me advierte mi Gaby.

placido.garza@gmail.com


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