Explicando la muerte


La muerte, inevitable y a la vez impredecible, es el gran límite que afecta a la persona en todas sus dimensiones: física, psíquica y espiritual. Supone el final de la vida en este mundo y nos recuerda que estamos “de paso”.

Los adultos somos conscientes de lo que significa, aunque muchas veces queramos ignorarla en la vida cotidiana, o peor aún, la veamos como un obstáculo para alcanzar la felicidad social.

Quizás nuestra sociedad moderna y capitalista, que resalta a menudo sus aspectos más utilitaristas, y que por ello la despoja de su esencia más profunda y por tanto de su dignidad, nos resulta extraordinariamente difícil y penoso transmitir a nuestros hijos el fallecimiento de un ser muy querido. 

Pero los niños, que están perfectamente capacitados para descubrir lo esencial tras los velos que los adultos a menudo colocamos torpemente sobre la realidad, no se dejan engañar fácilmente y reclaman explicaciones verdaderas y satisfactorias sobre todo y también sobre la muerte.

Los bebés desconocen su significado, pero son capaces de sentir la ausencia. Los niños de dos años ya son capaces de percibir y de sufrir la pérdida, y aunque no comprenden el concepto de muerte, se dan cuenta de los estados de ánimo de los que les rodean.

Esto cambia a partir de los tres o cuatro años, aunque normalmente la ven como algo temporal o reversible. Entre los seis y los doce comienzan a ver la muerte de una manera más real, como algo permanente, universal e inevitable.

Hasta los nueve no suelen creer que les pueda pasar a ellos o a algún ser querido, pero a partir de los diez saben que la muerte nos llega a todos. En cuanto a la asistencia al funeral, se recomienda que sea a partir de los ocho años, siempre acompañados y conociendo el significado que tiene.

7 recomendaciones para explicar la muerte a los niños:

Siempre que sea posible, la noticia tenemos que transmitirla los padres, dedicando a ello el tiempo que sea necesario.

Debemos adaptar el contenido y la forma de las explicaciones a su edad.

Tenemos que evitar dar detalles innecesarios sobre las causas de la muerte o sobre la muerte en sí, aunque si el niño lo pide se debe responder adaptándonos a su edad, nivel de madurez y curiosidad.

Siempre es bueno que nuestro hijo vea nuestras emociones, cómo nos ha afectado la noticia a nosotros, por lo menos en algún momento concreto y de alguna forma sencilla.

Es fundamental hacerle comprender que no es culpable del fallecimiento de su abuelo si detectamos que eso es lo que está pensando.

En algunos niños surge un miedo intenso a que pueda morir alguien más. Podemos tranquilizar y dar seguridad a nuestro hijo.

Puede ayudarle a superar el duelo hacer un dibujo o escribir una carta de despedida.

No debemos olvidar que el fallecimiento de un ser querido y el proceso de duelo plantean retos que pueden y deben servir para fortalecer la unión familiar. Para ello es importante que seamos capaces de hablar de la muerte con nuestros hijos de una forma natural, ayudándoles a que entiendan que forma parte de la vida.


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