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Carlos Urzúa, en su renuncia como secretario de Hacienda, informa al Presidente que el gobierno se conduce con extremismos, esto significa desde una ideología, izquierda o derecha, pero radicalizados los posicionamientos por ideas preconcebidas.

Lo que Urzúa condenó es que el gobierno responda a una forma de pensar y ésta la pretenda imponer al resto de los mexicanos por considerarse la única buena.

Sin poner palabras en boca de Urzúa, al asegurar se maneja con extremismos, equiparó el gobierno de la 4T con los teocráticos, el fanatismo ideológico basado en una religión es tan malo como el sustentado en una corriente del pensamiento político.

Luis Villoro, en El concepto de ideología (1985), asegura que el término "ideología" fue acuñado por el francés Destutt de Tracy en 1801 para referirse a su teoría de la formación de ideas.

Villoro establece que el uso de este concepto se vincula a la implementación de un conjunto de creencias determinadas que "manipulan a los individuos para impulsarlos a acciones que promueven el poder político de un grupo o clase determinados" (p. 20).

Agrega: "La ideología favorece, con el dominio de las ideas, el dominio de una clase" (p. 64). Queda poco por explicar, las ideologías tienen el propósito de que un grupo introyecte en la población, sus ideas para así tener control de ésta, lo mismo aplica en política que en religión y otras formas de fanatismos o extremismos como sucede con el futbol, que se convierte en "ladrón de cerebros".

Con el arribo de la tecnocracia al poder en México durante los años 80 del Siglo XX, la política se desideologizó, se convirtió en un oficio de pragmatismos y utilitarismos donde lo mismo un presidente podía gobernar el mismo día con visión de las izquierdas y las derechas.

Salinas de Gortari, un Presidente surgido del PRI que se definía de izquierda por ser heredero de las luchas sociales históricas –independencia, reforma y revolución–, implementó políticas públicas de extrema derecha, al grado que el PAN afirmaba esas propuestas eran de ellos.

En tres décadas se cayó el muro que separaba a izquierdas con derechas; ahora regresa a la política el debate ideológico, lo mismo en México que en otras partes del mundo.

Este retorno se explica, entre otras, en la zanja creciente entre pobreza y riqueza que deja el modelo actual que enriqueció a ricos y empobreció al resto.

En política, gobierno y administración púbica todo tiene –al menos– dos caras, dos soluciones a un problema, dos o más formas de solucionar conflictos como pobreza, desigualdad, analfabetismo, rezago tecnológico y otros. 

La seguridad y gobernabilidad no deben guiarse por visiones ideológicas, se debe sancionar conforme a la ley a los delincuentes y gobernar bajo los principios de republicanismo, democracia y legalidad.

Como afirma Villoro, la ideología se explica en la medida que cumple con una función social concreta que es la de ser instrumento de dominio (p. 66). Lo mismo la ideología de izquierda que la de derecha, la del cristianismo o la del islamismo.

El caso más reciente donde la ideología aplica como instrumento de dominio es el de Keith Raniere y su secta NXIVM. Sin el sometimiento y enajenamiento de la ideología, pocos o ninguno de los cómplices del manipulador hubieran cometido actos de vejación como los ocurridos.

Aplaudo que regrese la ideología a la política, aunque no se divida solamente en izquierdas y derechas, sino en centros, democracias cristianas, socialdemocracia, ambientalismos y otros grupos con ideología definida que difícilmente encuadrarían en el reduccionismo de izquierdas y derechas.

El regreso de la ideología a la política permite que el elector pueda decidir su voto por el que ofrezca soluciones acordes a sus intereses, desde el contraste de los posicionamientos ideológicos; permite que las contiendas se distingan por propuestas disruptivas entre sí y no por campañas de odio, desesperanza, rencor o irá.

El peligro está en la ideología de extremismos, donde sólo los que piensan igual son buenos y los de ideología diferente son malos; así se construyen fanatismos como aquellos donde extremistas se inmolan en nombre de un líder, con tal de extinguir a los diferentes.

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