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Opinión

Feliz cumpleaños Monterrey

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Feliz cumpleaños Monterrey

Hoy estamos de celebración porque la Ciudad Metropolitana de nuestra señora de Monterrey cumple sus primeros 426 años, equivalentes a 155,490 días, y nosotros conocemos su fiesta por los últimos años solamente.

Detrás han quedado muchas historias del Monterrey del otro Valle de la Extremadura y el más regio lugar al que se refirieron los fundadores y sus sucesores, para dar paso a una metrópoli que hace valer el decreto de sus fundadores y las palabras de Don Diego de Montemayor inscritas en el acta de fundación.

Los sefardíes, de los que descendemos la mayoría de los habitantes de la región, impusieron algunas costumbres que hoy siguen identificando a los nacidos en esta tierra y quienes se acercan para nunca alejarse de ella. 

Empezando por su cocina en la que destaca el Cabrito al pastor y las tortillas de harina, pasando a los patios y solares cuyos espacios albergaron una higuera, una granada y un árbol de limón. Su arquitectura norestense que al llegar te recibía con un porche o pórtico, en el que con frecuencia se encontraba una mecedora cuyos movimientos semejan a los rezos de judíos meneando sus cabezas adelante y atrás para mantener el ritmo de una suave meditación cabalística.

Otras costumbres se fueron con el tiempo, como la dote que el padre de la novia habría de entregar a su yerno, así como las expresiones que reflejaban el español antiguo y que variadas veces era señalado como un defecto producto del rancho y ajeno a la cultura citadina. Ejemplos de expresiones que se fueron deformando están la de "estuvisteis", que se cambió a estuvistes, "fuisteis", cambiado por fuistes y otras que no vale la pena enunciar, mientras que otras sí que se quedaron, como decir "ojalá" al prever que algo pueda ocurrir favorable en nuestro futuro.

Monterrey es una ciudad que se tuvo que acostumbrar a la adversidad climática y tuvo que hacer frente a largos y ardientes veranos que opacan a los fríos pero cortos inviernos.

La boca del desierto se ha tragado ya a muchas de las avenidas de agua superficiales y sus lagunas temporales que fueron una delicia para el paisaje y de las que hoy solo quedan en los textos de nuestros ancestros.

Sin secretos, Monterrey se desarrolla en una zona que no era el paso natural del comercio, pero que en cambio, al fraguar una industria nacida de la cerveza y el acero, y convertida en cadenas de producción conjunta para abastecer esas dos principales, dejó enraizadas las botellas, los vidrios planos, los cartones para el acarreo seguro de las bebidas y el transporte que llevaría lejos los productos representativos y sus derivados que, juntos, hicieron un enclave logístico que hasta la fecha destaca en todo el país.

Fue esa misma industria la que notó que le faltaba gente capacitada y creó escuelas que le proveyeran de técnicos y administradores para sus empresas y en la actualidad podemos decir que se convirtió en el centro estudiantil universitario más grande y fuerte del norte del país, capaz de competir con cualquier ciudad iberoamericana.

Monterrey no se salva de críticas por sus arraigadas costumbres y su expresivo orgullo y hay anécdotas históricas que muestran a personas cultas que se burlaban del contraste entre el desarrollo industrial y la barbarie, como el caso de José Vasconcelos que aprovechaba cada conversación para denostar a los norteños por una presunta baja cultura imperante.

Las cosas han cambiado mucho y nada. Porque la esencia es la misma y se sostiene en pilares muy bien cimentados en la arcilla de sus valles y la piedra de sus canteras y cerros. Todo y nada cambia cuando a la gente que habita aquí le gusta ser así y sentirse así.

Orgulloso de sus costumbres, el regiomontano, acentúa sus diferencias con el resto de la República Mexicana, haya o no un sustento para ello. Podemos estar orgullosos de un Cerro de la Silla, aunque sus faldas se invadan por el desarrollo urbano rapaz. Estar orgullosos de nuestros bosques y presumirlos, pero no poner un solo guardabosques para cuidarlos. Estar orgullosos de nuestros equipos deportivos, al tiempo que se desatan peleas mortales más dignas de un depredador animal de la selva, que de un educado seguidor de un deporte profesional organizado.

Las razones por las que Monterrey es una gran e importante ciudad pueden estar a discusión para muchos, pero el futuro es más apremiante que sea visto como un reto y una gran oportunidad para quienes vivimos acá, porque queremos que no nos rebase la incompetencia de gobiernos que regularmente van más atrás que los audaces avances de sus pobladores y desarrolladores particulares.

Es por eso que debe verse al Turismo y los servicios como el gran complemento de lo que ya la cumpleañera tiene en su haber como el Comercio, la Banca, la educación, la medicina hospitalaria y la industria metal mecánica. Es aquí a donde vienen de visita miles de ejecutivos, pero que no traen a sus familias, porque les parece que no hay oferta tan atractiva para ellos.

Es en Monterrey donde hay el talento para generar un buen aprovechamiento de sus propios recursos humanos y naturales, pero no se han generado las políticas públicas adecuadas, en parte, por la complicidad de los patrocinadores de los candidatos y gobernantes. Esos mismos que no se dan cuenta cuando se avecina la crisis del agua, cuando ya está presente la crisis del transporte o cuando el desorden y la corrupción se instalan a sus anchas en gobiernos estatales y municipales.

La inmigración, es decir, los que van llegando en busca de oportunidades de trabajo, están demandando más que una tradición y es la industria la que demanda más inmigrantes para sostenerse. Este ciclo amerita más que una mención discursiva y el cumpleaños de Monterrey bien merece un regalo de atención a su salud.

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