Opinión

Luz sobre luz|Fluido Rosa

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Hoy a Pink Floyd lo corean los mismos que corean el reencuentro de Timbiriche. En mis épocas, eso era impensable. Blasfemia. Quizá sacrilegio.

En mi juventud, había quien creía que “Pink Floyd” significaba “fluido rosa”. Creo que incluso le escuché decir eso a algunos locutores despistados de la radio de los 80. Claro, la psicodelia propia de la música floydiana pudiera hacernos pensar eso y en mucho más, pero, primero, no es “fluid” sino “Floyd”, y tampoco se trata de referencias a sustancia alguna, sino al nombre de dos músicos clásicos de blues, Pink Anderson y Floyd Council.

Vamos, el nombre ya contenía una referencia culta, no fácil de entender, y eso no sólo confundió a mis contemporáneos sino hasta a la gente de la industria de la música anglosajona pues, según se burla el bajista Roger Waters en la canción Have a Cigar, algún ejecutivo en algún momento les dijo “La banda es fantástica, realmente es lo que pienso. Ah, y por cierto, ¿quién de ustedes es Pink?”…

Total, Pink era un misterio. Pink Floyd era considerada música difícil, “alternativa” –si bien no existía esa “etiqueta”– en los años 70, y quienes los escuchaban eran considerados “bichos raros”. Locos, drogadictos, hippies. Pink Floyd no llenaba estadios, muy apenas llenaba auditorios, y si hubieran venido a México en sus inicios tendrían que haberse presentado en un “hoyo funkie”, pero bueno, esas bandas sencillamente no tenían permiso de venir aquí…

Ah pero… Esos “bichos raros” que los escuchaban en los 70 sabían que a la música pinkfloydiana le esperaba la gloria eterna, y que quizá había que esperar a que la sociedad “madurara”… Y hoy ya maduró, o algo pasó, porque Pink Floyd, lejos de ser “raro”, es “mainstream”, sus músicos por separado llenan estadios, y su música representa la referencia insignia de lo mejor que ha ofrecido la industria “rock” en las últimas décadas. 

Hoy a Pink Floyd lo corean los mismos que corean el reencuentro de Timbiriche. En mis épocas, eso era impensable. Blasfemia. Quizá sacrilegio.

Hablando de sacrilegios, entre las anécdotas más psicodélicas y controversiales de la banda está el hecho de que su fundador y líder, el que hizo posible su existencia en 1966, el genial Syd Barret, perdió la razón, por abuso de LSD, a los pocos años de iniciado el grupo, tuvo que separarse de la banda en 1968 y vivió recluido con su madre por más de 30 años, hasta su muerte en 2006. Sí, fue Syd quién sin mayor complicación eligió el nombre de Pink Floyd. Y sin Syd, quizá, la banda nunca hubiera trascendido.

Ahora sus miembros son millonarios gracias al sacrificio de Syd, que afortunadamente sí recibió regalías del gran éxito posterior de los Floyd, pero nunca pudo volver a tocar o a dedicarse a la música. Sí, hay sacrificios inexplicables en esta vida.

Pero que eso no nos impida disfrutar de la hoy clásica, impresionante, maravillosa, inigualable, poderosa, en momentos terrible, devastadora, profunda, llena de significado, épica, demoledora y muy clavadona música de Pink Floyd, y quizá sea esta la última oportunidad de escucharla en vivo, en Monterrey, pues aquí tendremos nada menos que al bajista y compositor, al hoy solista Roger Waters, con su tour This is Not a Drill, el martes 11 de octubre, en la fabulosa Arena Monterrey. ¿En dónde más? Y sí, sí es urgente que compres los boletos si no los tienes. Para que no te quedes “comfortably numb” viendo cómo se te va esta “rola”…



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