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Opinión

Garbanzo de a libra

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Garbanzo de a libra

¿Sabía Javier Mariscal Puente cuánto era querido y lo mucho que se le respetaba dentro y fuera del medio periodístico? Lo dudo. Siempre evadió el aplauso, y el reconocimiento, por fútil y vano, era para él prescindible y accesorio. Conocía de su valor y le bastaba. Melómano y esteta, Javier levantó un muro impenetrable entre el mundo y su mundo. Solo podían entrar los amigos de verdad y no los de ocasión y conveniencia. 

Asceta, Javier encarnaba el modelo de Kapuscinski, según el cual para ser periodista el primer requisito es ser gente buena, y él excedió la medida. Mariscal llegó al bisemanario Espacio 4 gracias a Ricardo Mendoza, colega íntegro y también comprometido con el oficio. Su descripción de Javier, con sus muchas luces y sus sombras escasas, resultó exacta. Al tercer día, Mariscal ya estaba entre nosotros y en poco tiempo se convirtió en la mano derecha de la dirección y en compañero incondicional de todos.

Cierto mediodía de 2019, antes del receso por las Navidades, entró a mi oficina exultante, raro en él, pues era un hombre reservado y no propenso a ventilar sus asuntos y emociones. "Estoy muy agradecido con Espacio 4, he aprendido mucho". La anécdota la compartí con la redacción y otros departamentos a raíz de su fallecimiento, este 19 de abril a los 55 años. "No fue así —les dije—. Javier desarrolló aquí sus talentos. Encontró respeto y tierra fértil, y los correspondió con creces. Mariscal fue quien nos hizo crecer con su humildad y entrega a un oficio que amaba sobre todas las cosas. El periodismo corría por sus venas y elevaba su espíritu".

A veces lo sorprendía en su oficina o en diseño con una sonrisa pícara, traviesa. No sentía mi presencia por tener puestos unos audífonos, tipo Zabludovsky, pero en cuanto se percataba el rostro se le enrojecía y se ponía serio. Pedro Ramírez, nuestro corrector, le decía Woody, por su parecido con el protagonista de la comedia infantil Toy Story. A riesgo de ser indiscreto y de parecer jactancioso, comparto el siguiente intercambio de mensajes con Ricardo Mendoza, sobre Javier:

—Gracias por haberlo hecho parte de la familia Espacio 4, como tú también lo eres.

—Al contrario. De hecho, te platico lo siguiente: La última vez que lo fui fue en el aniversario 24 de Espacio. Me saludó muy efusivamente, incluso con un gran beso fraternal y me dijo lo siguiente: "Quiero disculparme contigo otra vez... pero sobre todo quiero AGRADECERTE por haberme presentado con don Gerardo y su familia. Han sido estos años de los más felices en mi vida en el tema laboral. Nunca había estado tan contento y no tengo cómo agradecer por eso...". Acto seguido: se despide para seguir tomando fotos entre las mesas.

Esto ya se lo había platicado al amigo Wong». (Óscar es otro de los mejores periodistas que ha dado Coahuila. Le conocí cuando hacía mis pinitos en el perdiódico La Opinión. También a él de debo mucho).

La muerte inesperada de Javier Mariscal sacudió y arrasó a quienes lo abrazamos como hermano. El miércoles nos reunimos sus compañeros de Espacio 4 para recordarlo y coordinar tareas, junto con otros amigos: recibir y atender a su hermanos, Lilia y Gabriel, y preparar los servicios funerarios. El padre Humberto González Galindo oficiará este sábado una misa exequial ante la urna con las cenizas de Javier, en el templo del Padre Nuestro, de Saltillo, a las 18:00 horas. Don Humberto, amigo de Mariscal, ha estado pendiente de cada etapa. El periodismo está urgido de Javieres y sobrado de cínicos, oportunistas y farsantes que envilecen el oficio.

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