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Hacen falta en México contrapesos al gobierno

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En el argot de la iniciativa privada, las cámaras agrupan a empresas y las confederaciones a cámaras, asociaciones y organismos empresariales. Ejemplo: Caintra afilia a empresas. Canaco, a comercios. Canacintra y Concamin a cámaras industriales y Concanaco a cámaras de comerciantes.

Y el "santo grial" de todas estas es el CCE, Consejo Coordinador Empresarial, que presume en su organigrama a Concamin, Concanaco, Coparmex, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), la Comisión Nacional Agropecuaria (CNA) y la Asociación de Bancos de México (ABM).

Además, Canaco, Canacintra, la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), el Consejo Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEEESP), la Comisión de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES), la Fundación de Empresarios en México (FUNDAMEX) y la Alianza para la Responsabilidad Social Empresarial (ALIARSE).

Les platico: de 1981 a 1983 el CCE tuvo como presidente al "Maquío" Clouthier, quien abanderó desde ese cargo en la IP y desde todas las trincheras donde anduvo, las inconformidades de la sociedad civil y del empresariado mexicano contra los abusos del poder y las decisiones del gobierno que provocaron estrepitosas caídas de la economía y de la calidad de vida de los mexicanos.

Otros capitanes de industria desde ese mismo puesto han buscado que el CCE sea un contrapeso para el gobierno. 

Unos lo han logrado más que otros, pero en el ideario del organismo sigue vigente el principio de "exigir a las autoridades que cumplan con su mandato constitucional; impulsar políticas públicas que favorezcan el desempeño de las empresas para lograr un crecimiento sostenido por encima del 4% anual mediante políticas públicas dirigidas a detonar la inversión pública y privada, el empleo formal y el Estado de Derecho".

A juzgar por lo que se ve en este gobierno, a México le están haciendo falta esos contrapesos, mientras se acrecienta la masa del poder de López Obrador sobre el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y los organismos descentralizados como la CRE, la CNDH y lo que se prepara para hacer caer también al INE.

En numerosos eventos realizados este año por los organismos de la IP destaca el clamor del empresariado de hacer que las cámaras y las cúpulas del sector, busquen acreditar su credibilidad y representatividad para con sus agremiados.

La queja es unánime: quienes dirigen y presiden las cámaras empresariales no tienen más ojos que para el gran capital, ese que sabe y puede defenderse solo y que tiene ejércitos de cabilderos que defienden sus intereses en los tres poderes e incluso ante la voracidad fiscal del SAT.

En México hay casi ocho millones de pymes esperando a que organismos como el CCE y otras cámaras hagan valer ante el gobierno la necesidad de que la carga impositiva se distribuya equitativamente entre los otros millones de informales, que no son tocados ni con el pétalo de un requerimiento.

Los afiliados a las cámaras que forman a su vez parte de las confederaciones empresariales están esperando que en las mañaneras a donde sus líderes son invitados o al final de las muchas reuniones que se dan en el Palacio nacional, se le haga ver al presidente y a sus secretarios que por más que quieran tamizar la realidad, la economía está estancada.

De nada sirve tener idearios empresariales cupulares progresistas, si estos no se convierten en planteamientos firmes que exijan al gobierno eficacia para contar con un Estado de Derecho y piso parejo para la participación en proyectos de obras y servicios públicos, evitando que oligopolios como el de Slim y otros sigan sirviéndose con la cuchara grande, mientras la mayoría ni cubiertos alcanzan en la mesa y los más ni siquiera son invitados a comer.

Adular sin soporte al gobierno y sin el consenso de sus representados, seguirle la corriente, tapizar las paredes del Palacio nacional con planes de infraestructura multimillonarios que en casi un año no pasan del papel, es jugarla contra las grandes mayorías de quienes invierten, generan empleos y jalan en un ambiente cada vez más incierto, complejo, hostil e inseguro.

Está bien que los ministros del gabinete y sus colaboradores atiendan las instrucciones del presidente; no se puede esperar más de ellos conociendo el estilo de gobernar de su jefe; pero que lo mismo hagan los líderes empresariales, eso es otra cosa.

CAJÓN DE SASTRE

"Los partidos políticos no saben cómo fungir como contrapeso, basta con ver los desfiguros del PRI aceptando a un títere del Palacio nacional como su presidente nacional; a un PAN donde se comen los unos a los otros; a un PRD desgarrado por sus luchas intestinas y al resto convertido en rémoras, satélites, oportunistas y serviles del poder presidencial. Vean a las organizaciones civiles cada vez más amedrentadas por el poder, que las tiene en la mira. ¿Qué nos queda? La IP, pero a juzgar por lo que estamos viendo, pareciera que los líderes de sus organismos más emblemáticos –los del ´santo grial´– fueron elegidos por López Obrador más que por sus agremiados", dice la irreverente de mi Gaby.

placido.garza@gmail.com

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