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Crónicas de un comelón

Hacer por hacer

Crónicas de un comelón

Hacer por hacer

¿La creatividad verdaderamente mejora las cosas?

Recién encontré unos videos que se han vuelto virales. Seguramente muchos de ustedes ya lo vieron. En el video preparan lo que llaman una “michelada de nogada”. Un vaso “escarchado” con nogada y granada, al que le agregan cerveza y un chile en nogada capeado para “chopear”. Lo compartí yo también en Facebook y la respuesta en general es: ¡NO!

Desde hace varias semanas he traído en mente escribir sobre el difícil reto que debe ser navegar este complicadísimo ambiente para los negocios. Saber hasta dónde se pueden hacer las cosas de manera tradicional, y hasta dónde deberíamos meterle creatividad. 

Entiendo que ningún negocio puede quedarse estancado deben refrescarse para mantenerse vigentes. Pero también recuerdo la historia de uno de los más tradicionales restaurantes de la ciudad, ahora extinto, que al ver que su competencia ofrecía menús de cocina internacional, empezaron a aumentar su carta hasta convertirla en un enorme convenio de recetas. 

Más tarde los propietarios buscaron a un reconocido grupo restaurantero para operar el complicado negocio y lo primero que éstos hicieron fue recortar el menú para regresarlo a la cocina que lo había hecho famoso. 

Lamentablemente, los esfuerzos de los restauranteros terminaron siendo en vano, ya que al poco tiempo de tomar en control, la crisis de inseguridad terminó acabando con el restaurante. 

Historias de restaurantes que cambian de operadores o propietarios hay muchas y seguramente cada vez que pasa, el reto de decidir qué cambiar y qué mantener es complicadísimo.

¿Hasta dónde necesitamos ser creativos y hasta dónde dejar las cosas como están?, o es más, ¿en realidad valoramos la creatividad culinaria? Si me dicen que sí, entonces ¿cómo explicamos que en los últimos años pasamos por períodos en los que todos vendían alcachofas, luego tacos de mariscos, betabeles, coliflores y pollo frito? 

Aclaremos una cosa, no necesariamente la proliferación de estos giros o ingredientes es algo malo. He tenido muy gratas experiencias con varios de estos. 

Bueno, quizás esté cayendo en la hipérbole. Tenemos en esta ciudad y en nuestro país gente muy creativa, en todos el espectro del negocio gastronómico: Desde los Rivera Río, hasta la que se inventó las dinoquesadillas. No olvidemos que nuestro país es cuna de platillos que han dado la vuelta al mundo como la manteconcha. Perdón, iba a decir la ensalada César y los nachos. 

Mi queja es más cuando la creatividad termina diluyendo tanto lo que supuestamente iba a mejorar que ya ni se disfruta igual. ¿Verdaderamente me va a decir alguien que se le antoja comer un chile en nogada metido en una lager? ¡Tan siquiera le hubieran metido una cerveza que maride mejor con los sabores dulces del chile! Así mejor no le muevan.   

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