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Inteligencia Financiera Global

Hay muchas estafas en México a los ojos de todos: ¡cuidado!

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Hay muchas estafas en México a los ojos de todos: ¡cuidado!

Si no la ha visto, le recomiendo la serie El dinero en pocas palabras, en Netflix. El primer capítulo llamado “Dinero rápido”, está dedicado a las miles de estafas financieras que han proliferado a lo largo de la historia con distintos grados de complejidad y duración, pero siempre con el mismo desenlace: unos cuantos delincuentes terminan con bolsillos llenos y cientos o miles de incautos “inversionistas” indignados que lo pierden todo.

En medio quedan muchos que se encogen de hombros o esconden la cabeza aceptando lo perdido con resignación y vergüenza.

Quién sabe: tal vez sobre todo en países con altos niveles de impunidad, como México, los criminales ponderen que vale la pena correr el riesgo de salirse con la suya.

Como sea, el punto es que aquellos que engañan SIEMPRE encuentran a quien se deje engañar con las mismas promesas: altos o altísimos rendimientos por su capital en poco tiempo. ¡Cuidado!

Esto se lo digo porque en México me he topado durante las últimas semanas con múltiples anuncios que aparecen en redes sociales, en carteleras espectaculares en la calle y hasta en paradas de autobús, que promueven supuestas empresas dedicadas a hacer que la gente gane atractivos rendimientos por su capital.

No sólo eso: incluso un familiar mío me invitó hace poco a uno de esos esquemas “de inversión” supuestamente pagaderos en bitcoin, con la idea de que le ayudara a promoverlo y pudiéramos juntos ganar buenas “comisiones”. Por supuesto, con la mayor delicadeza que pude, lo rechacé.

De igual modo, suscriptores de mi boletín financiero Top Money Report (bit.ly/38Mfxxj) me han consultado sobre invitaciones similares que han recibido de parte de sus conocidos, en las que cambia el nombre de la empresa y hasta estado del país, pero prevalece la estafa: hay que invertir cierta cantidad para entrar, y luego, se recibirán periódicamente “intereses” o “rendimientos” pagaderos en pesos, dólares o criptomonedas. Por supuesto, entre más recursos y referidos se ingrese al sistema, más se cobrará después (o eso se les promete). ¡Ahí está la 

ilusión!

Y es que los esquemas piramidales y fraudes tipo Ponzi se basan en usar el dinero de los nuevos miembros para pagar a los más antiguos. 

No hay ninguna creación de riqueza, no hay negocio legítimo, ningún bien o servicio es producido ni se comercializa nada en realidad. Todo se sustenta en un creciente número de integrantes que, al desacelerarse o agotarse, provoca el colapso de este “castillo de naipes” financiero. No se trata de si sucederá o no dicho colapso, sino de cuándo. Es una certeza matemática.

Aquí entonces es muy importante dejar en claro que una estafa lo es desde el inicio, por la manera en que está diseñado su funcionamiento, y no a partir de que se comienza a incumplir con los pagos a las víctimas, lo que puede tardar semanas, meses o incluso años. De hecho, para que la estafa se consolide es indispensable que se les cumpla con sus pagos puntuales a los inversores durante el mayor tiempo posible.

Recordemos por ejemplo el caso del mayor fraude tipo “Ponzi” de la historia: el de Bernie Madoff. Sentenciado a 150 años de prisión en 2009 por defraudar durante años a decenas de miles de personas, empresas y hasta bancos en varios países del mundo, el valor de su engaño alcanzó los $65,000 millones de dólares. Murió en la cárcel en abril pasado.

Aunque es fácil reconocer estos timos con un poco de sentido común, lo cierto es que la ambición –un sentimiento muy poderoso sobre todo a la hora de invertir– encuentra con mucha frecuencia la manera de hacer a un lado a la razón.

De hecho, eso convierte a los propios engañados en los principales promotores de la estafa, que suelen presumir a amigos y familiares lo mucho que obtienen por su capital, y gustosos, los invitan al festín.

En mi experiencia, es casi imposible convencer a los incautos de que están siendo víctimas de un gran engaño financiero. Es más: a veces es mejor no decírselos tan abiertamente porque se pueden sentir de verdad muy ofendidos. ¡En serio!

No sólo eso: así como en el caso Madoff, a veces los estafadores se escudan con el argumento de que su empresa está “regulada” o “supervisada” por las autoridades financieras, lo que aumenta la confianza de los inversionistas más ingenuos.

La cosa se pone peor: en ocasiones es cierto que las compañías defraudadoras están reguladas o supervisadas por el gobierno, quien incluso llega a imponerles multas, pero eso no las disuade de seguir adelante y, más importante todavía, no evitará que luego los defraudados lo pierdan casi todo.

De verdad se lo digo: fíjese bien en dónde invierte y asesórese con profesionales serios y competentes. 

Con tasas de interés en mínimos históricos y una inflación que sigue elevada, es más fácil que nunca caer en la trampa de los delincuentes que prometen hacerle ganar, pero que le podrían hacer perder el patrimonio de toda una vida.

En vez de eso, lo invito a que nos consulte cualquier duda que tenga en materia de activos y mercados financieros a través de nuestros medios de contacto en Twitter (@memobarba), Facebook (Guillermo Barba) y a que se suscriba gratis a mi boletín de inversiones en  

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