Hey, CCE e Ipecos


Aunque será hasta el 27 del próximo febrero cuando tome protesta como presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín funge ya como tal, a juzgar por el abrumador apoyo que recibió de los organismos cúpula del sector privado de México.

Carlos les ganó la carrera al aguerrido Bosco de la Vega, expresidente del Consejo Nacional Agropecuario, (CNA), y a Manuel Herrera, exdirigente de la Confederación de Cámaras Industriales, la Concamin.

Para nadie es un secreto que el fiel que inclinó a su favor la balanza fue su exitosa trayectoria al frente de FEMSA, que preside José Antonio Fernández.

Casi del retiro, Carlos pasó a la acción en menos de un año y el reto que tiene ante sí es precisamente la palabra que utilizó cuando se registró como candidato a esa presidencia: unidad. Sin embargo, yo le agregaría dos palabras clave: representatividad y credibilidad, términos aplicados a casi todos los organismos intermedios del sector privado, que han estado perdiendo terreno y cohesión hacia sus socios, debido a su fragilidad en esos tres principios.

Me voy a explicar: Las instituciones que tienen voz y voto para la elección del presidente del CCE son Coparmex, Concamin, CNA, Asociación de Bancos de México, Asociación de Instituciones de Seguros y el Consejo Mexicano de Negocios. 

Participan también como invitados permanentes pero sin voto en la elección del presidente, la Concanaco, Canacintra, la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, (ANTAD), el Consejo Mexicano de Comercio Exterior y la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles.

Incluso AMLO anunció hace como un mes el acercamiento que han tenido con él distinguidos empresarios de la televisión, del acero, el cartón y papel y del turismo.

Esta pulverización de opciones de afiliación que tienen los empresarios que operan en México, sumada a los reclamos de micros, minis y pequeños por no ser tomados en cuenta en las posturas del sector privado ante el gobierno, provoca deserciones que hicieron pasar un mal 2018 a muchas cámaras de las llamadas “convencionales”, como Caintra, Canaco, Careintra, Coparmex, Concamin, Index, entre otras.

La opción “independiente” ligada a los empresarios está más latente que nunca, y por lo pronto, existe una asociación de este tipo que cuenta ya con más de 70,000 simpatizantes agrupados un tanto informalmente alrededor de una página de Facebook y otras redes sociales.

Es cierto, a lo mejor les falta estructura y visión de vinculación entre la fuente de trabajo, sus representantes de sector, el gobierno y la población, pero ahí están. Desde ahora son fuertes por su poder de convocatoria y por la frescura con que se le paran en frente a los Pymes para decirles que ya casi están listos para presentarles un plan de afiliación sin precedente en México, donde las cuotas forzosas se acabaron y los servicios estarán en un catálogo similar al de “pago por evento”. 

Una opción amigable de contacto entre los representantes y sus agremiados, que tenga como fortalezas, precisamente las debilidades de las cámaras tradicionales de la IP: confianza, credibilidad, representatividad y unidad.

Los empresarios que son independientes de la nomenclatura e incluso de la burocracia de las cámaras tradicionales, van a dar la pelea durante este año y el resto del sexenio, en cuanto a fungir como contrapeso del desmedido poder que ostenta el presidente López Obrador.

Es más, su misión será también ser un contrapeso ante las voces de los grandes empresarios que acaparan reflectores, posiciones y atenciones en el ámbito gubernamental.

Estoy seguro de que Carlos Salazar Lomelín conoce bien el reto que afronta para sumar fuerzas con esta nueva y poderosa oleada de expresión empresarial independiente, y más que pretender que la órbita gravitacional del CCE los absorba en su núcleo, creo que la ruta más indicada sería tender hacia ellos puentes firmes que los vuelva aliados de la estrategia global del sector privado ante el gobierno.


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