Arturo Ortega MoránMonterrey
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Una historia de amor

Higiene y Panacea


¿Tú sabes quien fue Asclepio? ¿No? Bueno, no es tan grave, se puede seguir viviendo sin saberlo; pero ya que andamos en estos trotes, déjame contarte que este personaje a quien los romanos llamaron Esculapio, pertenece a la mitología griega y ahí se le tenía como dios de la medicina.

Cuenta la leyenda que Asclepio fue producto de los amoríos que Corónide, una bella mortal, tuvo nada menos que con Apolo, uno de los principales dioses del panteón griego que, entre otras cosas, era invocado para librarse de las enfermedades. Cuando Corónide se embarazó, Apolo emprendió graciosa huida pero, como buen machín, no estaba dispuesto a soltar el control y para que la futura madre no se le “saliera del huacal”, comisionó al cuervo blanco para que le echara un ojito. Aún así, no pasó mucho tiempo para que Corónide le hiciera de chivo los tamales al huidizo Apolo, ya que se enredó y se desenredó (varias veces) con un tal Isquis, otro mortal que se ofreció para consolarla.

Cuando el cuervo blanco fue con el chisme, cuentan las malas lenguas que Apolo se puso negro del coraje y de pasada, para calmar su ira, puso negro al cuervo que, desde entonces, lleva este color. Caro pagó Corónide su infidelidad, ya que Apolo mandó que la quemaran en la hoguera, no sin antes abrir sus entrañas y extraer al pequeño Asclepio, a quien llevó con los centauros para que se encargaran de su educación. Dicen por ahí que “hijo de tigre pintito”, y así fue con este personaje, que heredó de su padre el don de la medicina.

Pasó el tiempo y cuando ya estuvo en “edad de merecer”, Asclepio tuvo dos hijas a quienes enseñó el arte de curar a los mortales. Debió ser buen maestro y buenas alumnas las muchachas porque Higía, una de ellas, pasó a ser la diosa de la limpieza y la sanidad y su nombre quedó ligado a la palabra “higiene”.

La otra hija fue Panacea, que por cierto también salió buena doctora ya que, según se dice, era capaz de hallar remedio para cualquier enfermedad. Esta capacidad quedó reflejada en su nombre, que se forma con las palabras griegas: pan “todo” y  akos “remedio”; por eso hoy, la palabra panacea la usamos para referirnos a lo que supuestamente es remedio para cualquier mal.

Un detalle curioso es que, por siglos, los médicos recitaron el juramento de Hipócrates en el que se menciona a esta familia de doctores. Más o menos empezaba así:

Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Higía y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento… etc., etc.

El juramento de Hipócrates data del siglo V a.c. y apenas hasta el siglo XX, los médicos cayeron en cuenta de lo ridículo que era jurar por dioses griegos de los que ya sólo quedaba el recuerdo. Fue entonces cuando dejó de usarse y en un Congreso de la Asociación Médica Mundial, en 1948, se estableció un juramento alternativo libre de toda mitología que es conocido como Declaración de Ginebra.

Bueno, ahora ya sabemos de Asclepio y de su historia; también sabemos de sus hijas Higía y Panacea que, como buenas diosas, para no desaparecer  se convirtieron en palabras.

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