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Siete Puntos

¿Honores a la bandera en la Basílica?

Siete Puntos

¿Honores a la bandera en la Basílica?

1.- En el Marco de los festejos con motivo de nuestra supuesta independencia nacional, circuló profusamente un breve video en el que aparece la escolta de la Guardia Nacional... ¡en la Basílica de Guadalupe de CDMX! El hecho causó escozor en no pocas personas, quienes vieron desde un atentado al Estado laico hasta una profanación al máximo recinto religioso del país. Y todavía más. Alguien leyó en lo sucedido la expresión de una agenda internacional, cuyo objetivo es destruir los valores que han sustentado nuestra cultura religiosa.

2.- Me parece que el revuelo causado por tal publicación se avivó por ser la escolta de la Guardia Nacional la encargada de participar en los honores a la bandera. Si hubiera sido otro cortejo de perfil militar, que abundan en todo México, quizá la reacción fuera distinta. Pero la molestia que causa en algunos sectores de la opinión pública todo lo relacionado con la 4T, de la que participa la mitad del país, explica la molesta reacción. Y sí. Debe ser por la presencia de esta escolta y no otra, pues tales honores a la bandera se realizan en muchos templos.

3. En efecto. Cada año, cerca del 24 de febrero -día de la bandera- y del 16 de septiembre -celebración de la independencia- se lleva a cabo esa ceremonia tanto en la Catedral como en la Basílica capitalinas. Lo mismo acontece en diferentes iglesias a lo largo de todo el territorio nacional. Sin embargo, y más allá de la antipatía despertada por todo lo que huela a la 4T, estamos ante un problema ancestral en México: la relación entra la Iglesia y el Estado, que sólo expresa la problemática teológica sobre la dimensión social de la fe.

4. Cada vez que un ministro religioso interviene en política partidista, sobre todo en tiempos electorales, se acude al conocido texto: “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22,15-21). Siempre se ha interpretado esta frase como una recomendación del mismo Jesucristo para que la política y la religión transiten por caminos separados. La también conocida expresión: “Los curas a la sacristía” ilustra con mucha nitidez esta cultura separacionista. Y sí, ni las leyes civiles ni el derecho canónico permiten a los…

5. … ministros de culto ser candidatos a puestos de elección popular, ni desempeñarse como funcionarios públicos. Y sí. Es lamentable ver cómo en otras culturas, como la talibana, los líderes religiosos son al mismo tiempo dirigentes políticos. Sin embargo, ni el texto bíblico referido, ni la concepción cristiana de la fe, contemplan a ésta como algo reducido a lo individual o a la esfera religiosa de la persona. No. La fe cristiana debe impactar en los ámbitos económico, familiar, educativo, recreativo, religioso, y también en el político.

6. Condensar la fe en lo religioso, y en el estrecho horizonte de lo privado, ha hecho que nos sintamos con la libertad de pagar salarios injustos, de participar en corrupciones políticas, de desentendernos de la educación de los hijos, de divertirnos hasta embrutecernos y de tranzar a los propios familiares. Ah, pero eso sí. En el templo somos diferentes, cuando vamos a misa y rezamos. No. La fe cristiana necesita incidir en todas nuestras actividades. ¿Honores a la bandera en una Basílica? Veámoslos como una tradición y no como una profanación.

7. Cierre ciclónico. El Secretario General de la ONU, António Gutiérrez, acaba de declarar que el mundo está al borde del abismo. Su diagnóstico incluye los siguientes flagelos: la pandemia del Covid-19, el calentamiento global, los ataques a los derechos humanos y a la paz, así como una oleada de desconfianza. Un dato todavía más alarmante es el relacionado con la distribución de las vacunas. Abundan en los países ricos; escasean en los pobres. “Hemos aprobado el examen científico, pero reprobado en ética”, sentenció.


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