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El porqué de las cosas

Honrar a los difuntos

El porqué de las cosas

“De tradiciones mexicanas, Está lleno el calendario, Pero el tema de muertos y calacas, Llegó por fin a este diario”

La ofrenda funge como el sacrificio de compartir lo que disfrutamos para aquel que ya no puede disfrutar, es una manera de recordar pero también de honrar a quienes no están con nosotros. El recuerdo cura, el altar es el albergue de las representaciones, se mezclan religión y pre hispanidad, un mestizaje emocional capaz de hacernos reflexionar sobre el amor en tiempos de distancia física.

La muerte (esa huesuda calaca), que en otros años y en estas fechas era broma y comedia, festividad y alegoría, jolgorio y desmadre, hoy se ve sobre pasada, triste, desmotivada. El puente que nos lleva al otro lado, iluminado con el naranja de la flor de cempasúchil, está sobre poblado de un dolor casi infinito, acompañado de incomprensión e incertidumbre.

Incertidumbre propia de la muerte, de no saber ni cuándo ni cómo llegará, de no comprender su persistencia. Injusta también, porqué la vida nos separa de quienes amamos, nos aleja de quienes fuimos cercanos, injusta porqué solo  nos permite perdurar mediante el recuerdo. Con miedo al olvido, con miedo a vivir, a trascender.

Así es la vida, que en su conocida participación contraria a la muerte, nos impulsa a cuidarnos y evitar la destrucción. A pasar los malos ratos acompañada de festividad, siendo un camino largo y sinuoso, con brechas y puentes de diversos niveles, con idas y vueltas, en diferentes tiempos, donde la muerte, a veces alegre, a veces apretujada, nos contempla desde el final de la vida.

¿Es posible gozar en medio de uno de los momentos más dolorosos de los tiempos modernos? Si, quizás sí. Desde todos los sitios y con sus diferentes maneras, porqué así es ser mexicano, plural, diverso y también bromista. Hemos aprendido a reír en medio de tragedias aunque a veces confundamos las bromas con las irresponsabilidades, la sátira con el valemadrismo.

Pero gozar en la muerte implicar honrar a la muerte, renunciar un poco a la vida para morir también. Hay que aceptarla en lugar de despreciarla, aprender a convivir con ella, pues está más cerca de lo que parece. No contemos números en lugar de historias entendamos que de lo más preciado que tiene la vida, se encuentra la dignidad de ser contado a través del otro.

No importa si usted no entiende de muerte, si no le duele, si aún está invicto en esa batalla. Honre a los difuntos, dele su lugar, entienda el proceso. El amor nunca muerte, perdura y transforma. Negar la muerte no hará que desaparezca, mucho menos cuando la única certeza en la vida es saber que un día moriremos.

Recuerde que una buena manera de honrar a los difuntos es gozar hasta que nos ausentemos, en paz, en vida.

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