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Siete Puntos

¿Inventamos la Independencia?

Siete Puntos

¿Inventamos la Independencia?

1. Cuenta Rosa Montero, en El peligro de estar cuerda, que una lectora la suplantó asumiendo su identidad y hasta regalando uno de sus libros. La farsante se atrevió, inclusive, a firmar una dedicatoria con el nombre de la literata. Yo no he tenido esa experiencia, pero sí la de que alguien narre una historia en la que yo intervengo, exagerando de manera notable mi participación. Hace años, en un encuentro arquidiocesano de CEB´s, una señora describió con lujo de detalles mi supuesto enfrentamiento con la policía, para auxiliar a una familia en apuros.

2. Refirió ser testigo presencial. Mientras yo escuchaba el relato, recordaba, sí, una leve escaramuza que tuve con uniformados, quienes procedían a un desalojo en terrenos municipales. Sin la menor violencia aceptaron mi arbitraje, y suspendieron la ejecución. Pero lo que en realidad había sido un tranquilo acuerdo, la narradora épica la convirtió en una hazaña heroica, en la que resplandeció –dijo textual– mi valentía y determinación. Cuando la confronté al final de la reunión, haciéndole ver su fantasía, reaccionó ofendida: "Pues así lo viví yo. Ni modo".

3. Son frecuentes los casos en los que la imaginación supera a la realidad, y las construcciones históricas se van acercando más a la interpretación subjetiva de los hechos que al recuento objetivo de los mismos. Con la Independencia de México, que hoy celebraremos, me parece que se ejemplifica con claridad. Ya es voz común entre los especialistas reconocer que el sábado 15 de septiembre de 1810, a las 11:00 de la noche, no ocurrió nada importante. Es probable que al día siguiente, domingo, el cura Hidalgo llamara a misa de 07:00 am.

4. Al acabar el servicio litúrgico, el pintoresco "Padre de la Patria", pidió a los feligreses que fueran por palos, piedras, machetes y lo que pudieran conseguir para iniciar la revuelta, que sólo duró unos 10 meses. Sólo hasta 10 años después, en 1821, y con el hoy famoso "abrazo de Acatempan", se consumó la fiesta fundacional de la idiosincracia mexicana. ¿Y el grito? Pues parece que no hubo tal, hasta que Venustiano Carranza, allá por 1917, se animó a pasar lista de los héroes que nos dieron patria, y a tocar la campana que...

5. ... Porfirio Díaz hizo traer del templo de Dolores, sí, la que Hidalgo tañía cada domingo para llamar a misa, y que el presidente vitalicio instaló en el balcón central de Palacio Nacional para celebrar su cumpleaños... ¡el 15 de septiembre! de 1896. Es decir, la gran celebración de nuestra Independencia, esa que se sitúa en un hecho no comprobado por la cronología, sino asumido por la necesaria consolidación de nuestras culturas, se origina en el onomástico del más detestado dictador. Paradojas de la mexicanidad.

6. ¿Y entonces? ¿Repudiamos la ceremonia del grito hoy por la noche, el desfile militar mañana, las banderitas y piñatas tricolores, y hasta los chiles en nogada? Creo que, con resignación fatalista, debemos aceptar que lo sucedido se ha visto superado por la edificación nacionalista del hecho. No le reclamemos, entonces, al cura Hidalgo que no haya gritado el 15 de septiembre de 1810, a las 11:00 de la noche, ni que sea protagonista de algo en lo que no participó. No nos vaya a responder como la señora de mi narración: "Pues así lo viví yo. Ni modo".

7. Cierre icónico. Falleció Jean-Luc Godard este pasado martes. Figura del cine moderno, fue al cinematógrafo lo que Picasso a la pintura, y acostumbraba frases demoledoras como: "El cine es un signo para interpretar, para jugar con él, y hay que vivir con él". No extraña su muerte pues le llega a los 91 años, después de una vida prolífica. Llama la atención que se vaya de este mundo a través de un suicidio asistido, en una clínica especializada en Suiza. De vez en vez, como una ola que se acerca y se aleja, la eutanasia nos interpela.

papacomeister@gmail.com

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