Opinión

Buhedera|La bola ensalivada

La bola ensalivada

Una bola ensalivada es un lanzamiento trucado que fue prohibido después de la temporada de 1920 del beisbol profesional de EUA. Cuando se lanza correctamente una bola ensalivada se mueve de forma impredecible, debido a que la superficie de la pelota se ha mojado levemente para afectar su trayectoria y giro, en otras palabras es un lanzamiento tramposo que aparenta ser correcto.

¿Y quiénes más impredecibles que los diputados de varias legislaturas? ¿Más simuladores que una bola ensalivada? Incluso ahora que se da a conocer que recibirán $60,000 pesotes como pago a su destacado trabajo, la decisión no nos toma por sorpresa, pero no termina de asombrarnos, como ese lanzamiento que pareciese honesto pero que de tanta saliva no acertamos a conectar, en una clara muestra de lo que fue un periodo negro, de una era política tramposa y desvergonzada.

Y el título beisbolero tiene también un destinatario claro, ya sea como lanzador que abusa de la saliva o como umpire vendido cómplice de aquellos que la tienen en su repertorio de lanzamientos.

Yo aún me pregunto ¿Qué hubo detrás de esa decisión perversa y malintencionada de no tomarle protesta a los suplentes?, ¿por qué el Super SAGA, presidente de la comisión permanente, sacó fast track la disposición de hacer clasista al Congreso? ¿Por qué se presenta como amigo del periodismo y luego los corre a la mala del recinto legislativo?… Nos lanzó una bola ensalivada, así como también lo hicieron sus colegas diputados durante su breve periodo en la casona, ya bellamente remodelada con hartos accesos distintos, de Ignacio Allende 31.

La mayoría fuimos testigos de cómo las disposiciones de los tribunales fueron ignoradas, incluso burladas, las amonestaciones por el arco del triunfo, las sanciones económicas, ¿sabrá dios quién las pagó?, seguro nosotros, cuantas veces no les llamaron la atención por sus constantes omisiones legislativas, ¿pero qué tal las peleas de gallos? esas sí se convirtieron rápido en patrimonio cultural de Tlaxcala, o el maniatar a la prensa, o prohibir el acceso al recinto, o el oscurantismo en torno al costo de la operación y remodelación del inmueble, y si le sumamos el pésimo trabajo también de las dos anteriores legislaturas, pues no acabamos.

Preguntas hay muchísimas, dudas las que le siguen, desde aquella aparente lucha honesta del “diputado” Amaro, de su exhaustiva revisión de las cuentas públicas, que acabó sólo en persecución de aquellos que no se formaron, y que al final ni detenidos fueron, en otro episodio vergonzoso del viejo estilo de la política local, que únicamente fue mucho ruido y pocas nueces.

El rostro de los 25 diputados –que más bien no tienen– fue casi el mismo, el embeleso, la treta y hasta la burla, su característica de trabajo y su recuerdo quedarán solamente como la mentira y el embuste como asignatura, incluso contando con un exgobernador en sus filas, algunos por su protagonismo otros por ser imperceptibles, con sus iniciativas de broma poco o nada abonaron al desarrollo de Tlaxcala, pero todos por igual con súper bono de $60,000, que afirman no es oneroso.

Si hubiese sido una legislatura muy productiva, trabajadora, profesional, concuerdo con que esos $60,000 no serían dispendiosos, pero como fueron el exacto antónimo es un robo, un timo absoluto al pueblo, por el contario, deberían regresar más de la mitad de sus percepciones y salir del recinto con la cabeza baja y llenos de vergüenza, aunque se inventen el periodo extraordinario, dizque para subsanar pendientes.

Eso no va suceder, como tampoco, creo yo, la continuidad de varios de ellos, de sus carreras políticas; la mayoría se despedirá por siempre, o por largo rato, hasta que la memoria colectiva les olvide por completo pues elementos ya no tienen. Otro tanto se mantendrá, por herencia, dinero, linaje o suerte, incluso algunos hasta gobernadores querrán ser, pero siempre deberán arrastrar en su currículo su membresía terrible a la LXII Legislatura, siempre los recordaremos como aquellos que se la pasaron lanzándonos su bola ensalivada para poncharnos una y otra vez…

¿Por qué se prohibió la bola ensalivada?

El 16 de agosto de 1920, Carl Mays, lanzando para los Yanquis se enfrentó al infielder Ray Chapman de los Indios, pichó una de sus pelotas ensalivadas, la bola fue a dar directo a la sien de Chapman, el resultado fue que Ray murió horas después del pelotazo. Fue ese día que marcó el inicio de una prohibición que está vigente y se mantendrá así por el bien de la pelota y la salud de los peloteros.

¿Alguna vez se acabarán los diputados de las bolas ensalivadas?

Pues dicen que los tiempos de cambio se avecinan, que llegará una LXIII diferente, trabajadora, transparente, morena, que será muestra de la nueva era, el privilegio de la duda la tienen, la certeza sólo en la muerte.

@olaizmau

Después de ver las trágicas imágenes en las que el pitcher cubano de los Rojos de Cincinnati, Aroldis Chapman, cae desplomado tras recibir un pelotazo en el rostro, mucha gente se ha preguntado cuántos peloteros han fallecido luego de ser golpeados por una pelota.

La respuesta es rápida y clara: Ray Chapman, parador en corto de los Indios de Cleveland, es el único pelotero en la historia que ha fallecido tras recibir un pelotazo y sucedió en 1920.

Cuando estaba parado en la caja de bateo, Ray Chapman fue golpeado en la cabeza por un lanzamiento de Carl Mays, pitcher de los Yanquis de Nueva York, y tras ser trasladado al hospital murió 12 horas después.



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