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Luis Sampayo

La Feria

Luis Sampayo

“Cada quien habla como le fue en la feria” y así, por segmentos generacionales y abrigados en la esperanza de las creencias religiosas particulares, es que cada quien platica de cómo ha podido transitar por el año que gracias al tiempo y a Dios acaba de terminar, marcando de tristeza la historia del ciudadano común y corriente y sus familias, como uno de los más cruentos y duros para la humanidad. 

Ciertamente es que hoy hace exactamente un año atrás, ninguno de nosotros nos imaginábamos siquiera que nuestros hábitos más sencillos y simples cambiarían de manera radical nuestras vidas, a grado tal que tendríamos que enfrentarnos y combatir con toda la crudeza de la razón, en contra de nuestra propia naturaleza para apartarnos de las demostraciones afectivas más elementales de contacto.

Incredulidad, incertidumbre, inseguridad, temor y zozobra, como si “desde nantes” nos faltara (como decían en el rancho), fueron muchos de los sentimientos que se nos sumaron al arbitrio de las desequilibrantes circunstancias con las que abríamos el pasado mes de febrero en nuestro país, la ola pandémica que frente a la clara y evidente incompetencia que desde el inicio se mostró al interior del “reino del gobierno” nos terminó por confundir y desconcertar.

Al principio muchas teorías conspiratorias comenzaron a circular, unas más fantasiosas que otras, y a pesar de que en Asia y en Europa se registraba con cierto tiempo de adelanto las primeras oleadas presenciales de coronavirus, en América apenas el año comenzaba y era muy temprano para preocuparse y priorizar por encima del proceso electoral norteamericano, por algo que definitivamente en aquel momento, no tenía los alcances ni las dimensiones para preocuparse por afectar la intención en la Casa Blanca, de repetir otra ronda de “tacos de Trump-o”.

Y como si se tratara de una fantástica historia de ciencia ficción, las teorías conspiratorias de los “sospechosistas” abarcan desde “el exterminio” del segmento de la población de la tercera edad, esa que construyó naciones con su trabajo y que hoy ya no producen más que una carga severa e importante en los sistemas de pensiones de los gobiernos del mundo capitalista.

Y aunque la certeza de que la crisis sanitaria surgió en un mercado de animales en Wuhan donde se creó el coronavirus para infectar a los humanos es contundente, la “paternidad” de este virus no ha sido reconocida por nadie en el mundo, aunque la “industria más poderosa del planeta”; es decir, la farmacéutica, eso sí, se pelea de manera encarnizada otra “paternidad”, la de la creación, venta y distribución de las vacunas que sin saber si son 100% efectivas ya las tienen vendidas a muchos gobiernos como el de nuestro país, para que probablemente puedan salvar la vida de gran parte de la población.

Mientras tanto, a nivel “terrenal”, el hombre común y corriente, ese como Usted y como yo, seguiremos con un cubrebocas en la cara, pero con los ojos y los oídos bien abiertos para no escuchar más teorías conspiratorias y mucho menos políticas sobre el tema de las vacunas, más allá de lo que nos dicten nuestras conciencias para lidiar con el destino este 2021que apenas estamos comenzando y que nos viene en forma incierta y desafiante, pues tenemos que construirlo o enderezarlo con el proceso electoral en el que estaremos inmersos a medios del nuevo año.

Por tanto, la importancia de seguir con vida es determinante para reconstruir la grandeza de nuestro país de la mano de la razón y la cordura, fortaleciendo a la sociedad desde nuestra trinchera familiar inmersos en la salud, el trabajo y el bienestar por consecuencia. Por ello y a pesar de todo, debemos tener esperanza, conservar el entusiasmo, el ánimo y las ganas de vivir acatando todas las disposiciones sanitarias, para que a final del presente año podamos llegar a platicar cómo nos fue en la feria.

Por hoy es todo, medite lo que le platico, esperando que el de hoy sea un hermoso inicio de semana. Por favor cuídese y ame a los suyo respetando la sana distancia. Me despido honrando la memoria de mi hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes.

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