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Las cartas sobre la mesa

La fuerza de Dios se manifiesta

Las cartas sobre la mesa

La fuerza de Dios se manifiesta

Jeremías anuncia al pueblo de manera muy positiva un nuevo estilo de vida, lleno de luz y alegría. Nos espera un momento donde Dios transformará todas las situaciones y realidades, para ello la condición indispensable: dejar estar a Dios. Donde Dios está, donde le damos espacio: todo se transforma en algo nuevo. En la carta a los Hebreos se nos habla de las actitudes de aquéllos que reciben algún don de Dios, la sencillez y la humildad, bases para la luz y la alegría en la vida, Dios es capaz de sacar a los hombres de la ignorancia y del dolor, y los libra de sus pecados. Jesús en el Evangelio nos deja ver con el milagro del ciego Bartimeo la respuesta a la fe y oración intensa, aquél hombre es escuchado. Bartimeo ve la luz gracias a la fuerza y a la fe de su oración; su fe es recompensada con la luz y con la invitación de seguir a Jesús. Dejemos que Dios demuestre su fuerza en nosotros como lo hizo con el pueblo de Israel y con Bartimeo. Necesitamos ver. 

Primero necesitamos creer y esperar. Los exiliados de Babilonia no podían olvidar las maravillas de Dios en la historia de su pueblo. Dios había mostrado la fuerza de su brazo en el Éxodo y en la conquista de la tierra prometida. Ellos creen y confían que Dios volverá a actuar eficazmente a su favor, aunque no sepan cuándo ni cómo. Bartimeo tiene una fe inmensa en que Jesús, el Mesías descendiente de David, puede curar su ceguera; por eso grita sin temor alguno y con osadía: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”. Los judíos creían que Dios había concedido al sumo sacerdote, en la fiesta del Yom Kippur, el poder de perdonar los pecados de todo el pueblo. Y los cristianos creemos con absoluta seguridad de que Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, destruyó en la cruz los pecados del mundo. Es imposible que Dios manifieste su eficacia en quien no cree en ella. 

En segundo lugar, tenemos que sentirnos necesitados de la fuerza de Dios. Los judíos en el exilio sabían muy bien que por ellos mismos no podrían ser repatriados. Bartimeo era muy consciente de que él nada podría hacer para recuperar la vista. Los judíos, y los cristianos, estamos convencidos de que sólo Dios puede perdonar los pecados. Quien es autosuficiente y no siente necesidad de la fuerza de Dios, no podrá nunca ser testigo de su eficacia en la vida de los hombres y en la historia. 

En tercer lugar debemos de luchar por ser coherentes. Si aceptamos la eficacia divina en nuestra vida, hemos de aceptar el ser coherentes con sus exigencias. Es decir, como cristianos hemos de ser una especie de escaparates de la acción eficaz de Dios en nosotros. Los exilados de Babilonia se ponen en camino hacia la Palestina, Bartimeo sigue a Jesús camino de Jerusalén, los cristianos no sólo han sido redimidos por Jesús sumo sacerdote, sino que viven como redimidos.

El ciego Bartimeo es figura y símbolo de los discípulos de Jesús en aquel momento histórico, en que Jesús pasó por Jericó, y en todos los tiempos. Frente al misterio de la cruz y de la muerte, los cristianos experimentamos, con no poca frecuencia, la ceguera de Bartimeo, su inmobilismo, su indigencia. Bartimeo es un mendigo, ciego, sentado junto al camino. ¡Cuántos Bartimeos en nuestro tiempo ante el gran misterio de la pasión y del dolor inocente! Hay mucha ceguera en los hombres ante la injusticia del sufrimiento, como si el no sufrir fuese la cumbre de la perfección humana. A muchos los pies se nos hacen de plomo ante la sola idea de caminar con Jesús hacia la ciudad del dolor y de la muerte. Permanecemos inmóviles en el territorio de nuestro ego, desganados para ponernos en camino hacia la tierra del dolor ajeno. Somos indigentes, inmensamente indigentes de que alguien -o mejor aAlguien- nos abra los ojos y nos arranque de nuestra inmovilidad. 

¿Somos los cristianos transparencia de Jesús? ¿Eres tú transparencia de Jesús en tu familia, en tu parroquia, entre tus amigos? ¿O eres más bien una desfiguración de Jesús? Tomar todos en serio nuestra vocación cristiana ha sido un imperativo histórico desde los inicios del cristianismo. ¿Qué puedo hacer yo para ser transparencia de Jesús en todo lugar y circunstancia? Construyamos una cadena de transparencias de Jesús, para que el mundo, nuestro mundo, sea salvado por el único Salvador.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

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