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Siete Puntos

La incómoda democracia

Siete Puntos

La incómoda democracia

1. Conozco un párroco, excelente sacerdote, pero que tiene un problema: es muy atrabancado. Cercano a sus fieles, austero, prepara con esmero sus homilías, responde de inmediato cuando le solicitan ver a un enfermo, y su comunidad se siente protegida por él. Pero toma algunas decisiones sin el suficiente discernimiento. Si hay algo que detesta son las consultas, por ello se opone al próximo Sínodo sobre la Sinodalidad que pretende precisamente eso:...

2. ... consultar a los católicos y no de todo el mundo sobre el estado actual y el futuro de la Iglesia católica. El padre tiene consejo pastoral y de asuntos económicos en su parroquia, pero nunca los convoca. Él decide, solito, desde los refrescos que se venderán en la fiesta patronal, hasta el proveedor que será contratado para construir un nuevo salón parroquial. Tiene siempre muchos proyectos en mente y prisa por llevarlos a cabo. Por ello, someter a la aprobación de sus fieles las brillantes iniciativas que se le ocurren es una pérdida de tiempo.

3. "La democracia es muy tardada" –sostiene– "y fortalece a tus enemigos para darte la contra". Es obvio que el señor cura apuesta por la eficiencia y la rapidez. Si pregunta, si escucha opiniones diversas, si se expone a una negativa, deja pasar oportunidades que exigen respuestas inmediatas, a causa de molestas interferencias. Sin embargo, la democracia, con lo lenta que pueda ser en sus procedimientos, le impide a una sola persona, por más capacitada y bien intencionada que sea, el tomar las decisiones concernientes a todos.

4. Además, todo el andamiaje jurídico e institucional garantiza que no se actúe con discrecionalidad o nepotismo en la asignación de contratos, y que se revise el buen uso de los recursos asignados para ellos, que se respete el derecho de los afectados. Quien tiene el poder, párroco o Presidente de la República, necesita de contrapesos que brinden transparencia a los protocolos asumidos, que den confianza a quienes se sirve, fieles o ciudadanos, para así 

alejar de ellos cualquier sombra de sospecha o resquemor por algo fuera de la ley.

5. La política, que ha colocado a la democracia en un pedestal, tiene su arte: el cabildeo, la negociación, el convencimiento. Es muy oneroso en términos de tiempo y esfuerzos, de acuerdo, pero es indispensable para construir estructuras e instituciones confiables y servidoras de todos. Pretender a través de decretazos la eficiencia en la obra pública sí ofrecerá, quizá, un resultado expedito, pero quién sabe si carente de corrupciones y engaños, y con el riesgo de favorecer compadrazgos en aras de la prontitud para concluir lo prometido.

6. Por ello, quienes tienen posiciones de liderazgo deberán destacarse no por su autoritarismo, sino por su capacidad para convencer con argumentos. Es más cómoda la decisión unipersonal pero, además de que allana el camino de la soberbia, desprecia las riquezas que otras personas pueden aportar. Y, por último, por más brillante que sea un líder... se puede equivocar, y las consecuencias de su yerro la pagarán no sólo él sino los afectados. Aunque nos dé flojera, entonces, es mejor someterse a las reglas democráticas que ignorarlas, por más incómodas que resulten.

7. Cierre icónico. Qué curioso. Tengo un amigo que está orgulloso de ser anti-AMLO. Por ello, desde hace años no escucha el noticiario de Carmen Aristegui ni lee sus columnas periodísticas pues ella, sostiene con vehemencia, siempre ha sido simpatizante del hoy Presidente de la República. Parece que mi amigo ha equivocado su apreciación. En La Mañanera del lunes se calificó a la comunicadora como conservadora, independiente del pueblo y que nunca ha estado en favor del movimiento llamado 4T. Qué curioso.

papacomeister@gmail.com

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