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Opinión|La incómoda paridad

Opinión

La incómoda paridad

Mañana miércoles, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral discutirá y votará un proyecto de acuerdo mediante el cual se pretende garantizar el arribo de al menos una mujer más a la titularidad del Poder Ejecutivo –en Coahuila o el Estado de México– en los comicios del año próximo.

El proyecto, votado la semana anterior en comisiones, contiene una serie de reglas y principios los cuales pueden sintetizarse de forma sencilla de la siguiente forma:

En primer lugar, los partidos políticos nacionales estarán obligados a establecer en sus documentos básicos los mecanismos y/o fórmulas mediante los cuales determinarán, libremente, en cuál de las dos entidades son más competitivos; es decir, dónde tienen más posibilidades de ganar.

En segundo lugar, al menos en esa entidad deberán expedir una convocatoria interna exclusiva para mujeres, pues allí donde consideren tener mayores posibilidades de triunfo deben postular a una mujer.

Se trata de uno de los criterios más incómodos impuestos por las autoridades electorales –administrativas y jurisdiccionales– a las dirigencias partidistas desde el inicio del proceso para garantizar la paridad entre hombres y mujeres, en el acceso a los cargos públicos, en el ya más o menos lejano año 2001.

Y los criterios siguen siendo incómodos porque, tras dos décadas de debate y aproximaciones sucesivas, aún existen serias resistencias en las plutocracias partidistas para avanzar en el desmontaje de los patrones socioculturales a partir de los cuales se construyen las muchas discriminaciones de las cuales son víctimas las mujeres.

Justamente porque se trata de criterios incómodos, hemos llegado a este punto: un punto en el cual si a las dirigencias partidistas no les son impuestas las reglas no están dispuestas a asumirlas. Y eso ocurre a pesar de tener, esas mismas dirigencias, un discurso permanentemente salpicado de señalamientos respecto de la “importancia” de las mujeres en sus filas.

Pero ocurre también porque, según deja clara la evidencia a la mano, a la hora de hacer política las mujeres no pueden ser consideradas un bloque monolítico, sino un conjunto donde el todo es menor a la suma de las partes. El Congreso de Coahuila es un buen ejemplo de ello.

Desde el 1 de enero de 2018 –más de cuatro años y dos legislaturas– las bancas en el Poder Legislativo de Coahuila han sido ocupadas en su mayoría por mujeres (14 mujeres y 11 hombres en la legislatura anterior, y 15 mujeres contra 10 hombres en la actual).

A pesar de ello, ninguna mujer presidió la Junta de Gobierno del Congreso en la legislatura pasada y tampoco lo hará en esta. Los cargos relevantes en la estructura organizacional del Poder Legislativo también han sido ocupados por varones en estos dos períodos.

Más aún: la mayoría femenina del Congreso de Coahuila presentó el pasado mes de diciembre una iniciativa de reformas a la Constitución del Estado de acuerdo con la cual –en teoría– se introducían reglas para garantizar “la paridad en todo”. Una de esas reglas era la alternancia de géneros en el Poder Ejecutivo.

La regla era simple: a partir de dicha reforma, en Coahuila, de forma obligatoria, habría un periodo de gobierno encabezado por una mujer y el siguiente por un hombre. Con detalle no menor: las propias “autoras” de la iniciativa consideraron oportuno incluir un artículo transitorio en el decreto de reformas, a fin de diferir su entrada en vigor… ¡hasta 2029!

Debido a una serie de litigios cuyos detalles legales resulta muy largo explicar, la regla no existe más. Fue declarada inconstitucional hace unas semanas y ello devolvió a Coahuila a la casilla inicial del juego: a esa donde las reglas de paridad deben ser impuestas desde fuera porque no serán asumidas por iniciativa propia.

Así llegará mañana la enésima imposición a una clase política incapaz de abandonar voluntariamente –ya no digamos por convicción– las ideas a partir de las cuales han construido un escenario en el cual, aunque cada día haya más mujeres a la vista, el control siga estando en manos de un varón.

@sibaja3


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