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La Hormiga|La mejor arma de AMLO: la luz de gas

Opinión

La mejor arma de AMLO: la luz de gas

¿Cómo se explica que AMLO mienta abiertamente a la ciudadanía? ¿Qué lo haya hecho desde antes de iniciar su mandato y lo siga haciendo como presidente? 

¿Cómo explicar que hace seis meses El Financial Times (prestigiado periódico británico, con 2.2 millones de lectores diarios) haya informado que AMLO es el segundo líder más popular del mundo, superando a Merkel y Trudeau y sólo rebasado por Modi, el hindú?

¿Cómo explicar que nuestro Presidente afirme que en la construcción del Tren Maya “no se va a tirar un árbol” y se derriben miles con toda desfachatez?

Es inútil listar los ya cientos de mentiras, de las que los troncos de “los árboles”, cargados en camiones que los extraen para su venta, son sólo una pajita en el pajar. Lo que procede es analizar los hechos y encontrar la razón de por qué un altísimo porcentaje de la ciudadanía lo apoya. La contestación está en lo que AMLO alimenta a diario a la población en sus mañaneras: la luz de gas. 

La luz de gas (gas lighting) es una táctica cuyo propósito es hacer que la víctima confronte la realidad con sus deseos de creer otra realidad y acabe por aceptar lo no real como verdad, todo ello bajo la influencia de otra persona. Este fenómeno adquiere fama con una película (Gas Lighting, Ingrid Bergman y Charles Boyer) que retrata una época anterior a la electricidad. Se trata de una pareja de recién casados, en la que él baja la luz de gas que ilumina las habitaciones de la casa por la noche y le dice a ella que la luz está bien, que es su percepción equivocada. Esconde objetos que después regresa a donde estaban. Su propósito es hacerla perder el verdadero sentido de las cosas, lo que la hace dudar de su capacidad  y sanidad mental. Ella está profundamente enamorada y no duda de su marido. Se trata de una forma oculta de manipulación. 

Este abuso psicológico ha sido llevado por AMLO a la relación entre gobernante y gobernados, quienes cansados de décadas de abusos en su contra, votaron por él como su salvador, en un enamoramiento del que no desean salir, por el simple hecho del miedo y hasta terror que le tienen, a la inmensa frustración de volver a ser dirigidos, como habitantes del país, por alguien en quien no creen ni confían. Estar con ÉL es literalmente UN HONOR.

Lo anterior anula la voluntad de las víctimas a quienes diariamente seduce en las mañaneras. Sus escuchas viven aislados, admirando a ciegas a su verdugo. Quieren creer en ÉL y amarlo y respetarlo, a riesgo, entre varias posibilidades, de perder la aceptación y amistad de amigos y parientes. No desean escuchar razones y muchos radican lejos en comunidades apartadas. Platicar argumentes con este grupo, es lo mismo que intentar convencer a la pared.

Estamos frente a una forma de esclavitud que AMLO ha trasplantado mas allá de la relación de pareja. Lo ha llevado al campo de la política y lo social. Lo aplica a quienes carecen de conocimientos y capacidad de desarrollo extrafronteras y por supuesto a quienes por conveniencia propia y a sabiendas, lo aceptan y apoyan. Es un juego democráticamente macabro al que se ha prestado gran parte de la sociedad y del país. Es de impresionar que se da entre un solo y único acosador y millones de “admiradores-presas” a quienes induce a creer en un mundo incierto e irreal.

AMLO les baja la luz de gas y les dice que la habitación está perfectamente iluminada. Que olviden su sentido de las cosas. Que no se fijen en la realidad. Que crean en ÉL, quien habrá de llevarlos a una transformación donde imperará la justicia, la seguridad, la salud, la riqueza común, la buena educación, la libertad y demás cosas maravillosas propias de cielos azules y campanitas de colores. Que no crean en los falsos profetas que son los “neoliberales” de siempre. Los que sólo atienden a sus riquezas y los ilegítimos y fingidos dioses del oro y el dinero.


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