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Cancionero

La Pollera Colorá

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La Pollera Colorá

A propósito de las elecciones del domingo en Colombia y de la fabulilla esa difundida con intención de propaganda, de que América Latina comenzó a irse a la izquierda desde el triunfo de 2018 en México de Andrés Manuel López Obrador, conviene aclarar algunas paradas.

Sí, es cierto: Gustavo Petro ha ganado la presidencia de Colombia en un tercer intento, al igual que el presidente López. Petro ganó en una segunda vuelta -que en México debiera existir- por apenas 700 mil seiscientos un voto, el 50.4% de los votos emitidos; López Orador ganó con el 53.2. Gustavo Petro gobernó antes la capital de su país, al igual que López. Nada más que, desde su juventud más temprana el presidente hoy de Colombia es un militante real de la izquierda en diversos foros. López Obrador nunca ha sido, ni es, ni será de izquierda: es solamente un priísta de la vieja escuela y por tanto obseso del poder, ducho en triquiñuelas y, en su particular caso, poseído de una férrea vocación autócrata y rencor vengativo incesantes. Si algo tiene el presidente López de izquierda podría ser una pollera colorá de su respetada señora esposa, ya que el rojo se asocia con la idea.

Me queda perfectamente claro que lo escrito líneas arriba puede desarmarse con una sola pregunta: defíneme izquierda, tú que e llamas e izquierda.

Y, desde luego, la respuesta es que la izquierda es lo que yo quiero que sea. Y el asunto tiene que ver con la añeja e inútil disputa sobre la objetividad del periodismo. "Los hechos son sagrados, la opinión es libre", es un bello apotegma del periodismo norteamericano que ya caducó. Los "hechos" no existen por sí solos y son solamente la percepción que de ellos tiene un periodista -sujeto- que ordena los objetos de acuerdo a sus prejuicios, formación profesional y ética y mejores compromisos morales. Ya José Bergamín lo puso en claro: puesto que soy un sujeto, soy subjetivo; si fuera objetivo sería objeto.

Si damos por sentado que ser de mi izquierda quiere decir estar comprometido con la verdad, la justicia, la honestidad, el respeto a los demás, la transparencia en mis acciones y de los míos, y la tolerancia del pensamiento ajeno, todos los días es evidente que Andrés Manuel no es ni ha sido nunca de mi izquierda. Ni lo será.

Su empeño cotidiano en la prédica de un evangelio hueco está plagado de mentiras y temerarias revelaciones vagas "que puedo probar", o evasivas amparadas ante lo inevitable con un irrebatible "tengo otros datos". Su divorcio del justo ejercicio de la ley tiene su más reciente manifestación -que hay muchas- en la defensa a brazo partido del gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, fabricante como tantos gobernadores priístas de falsos culpables y de imputaciones maquiladas por torpes tinterillos como su fiscal Verónica Hernández. El cínico silencio de las contribuciones recogidas en dinero para beneficio de López no sólo tiene tradición: goza de abundantes testimonios habla mucho de honestidad y transparencia de los míos. La lista de los intelectuales o periodistas satanizados por el simple hecho de no aplaudir todos los dislates del presidente crece cada semana y se vuelve más tautológica y aburrida.

Y ya no hablemos de atribuir todos los males de este mundo a los gobernantes del ayer, doctrina que ha sembrado exitosamente en el gobierno de Nuevo León: si en el país entero la violencia asesina, la crisis sanitaria y el desabasto de básicos que viene, son culpa de Calderón y García Luna, la sed de los nuevoleoneses debe orientar sus mentadas de madre a Jaime Rodríguez El Bronco.

No, el presidente no es de izquierda. Cubre con su zalea a dictadores como Maduro, Ortega o Díaz-Canel y quiera ahora arroparse con la cobija de Gustavo Petro, quien se acerca bastante más a lo que yo llamo un hombre de izquierda. Yo soy optimista en que Petro honrará sus antecedentes y no caerá en la trampa de imitar al populista demagogo que aquí sufrimos.

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya el día de ayer se registró un número mayor de homicidios en México en lo que va de su sexenio que en todo el gobierno de Calderón: ¿a cuántos vamos a llegar, según sus pronósticos, que siempre son tan acertados?

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