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El porqué de las cosas

La reciprocidad como modo de vida

El porqué de las cosas

De un tiempo para acá, el agradecimiento se ha convertido en un dispositivo de bienestar. 

Se promueve el ser agradecido y también aceptar el agradecimiento, se promueve como valor moral, como corresponsabilidad y a veces, inclusive se exige. Pero ¿qué pasa cuando el agradecimiento no es recíproco?

En los años 20’s, el filósofo-antropólogo Bronislaw Malinowski publicó el libro: Crimen y costumbre en la sociedad salvaje producto de su interacción con los Melanesios, donde cuestiona la idea occidental de que la vida primitiva carecía de leyes y normas. Exhibió al contrario, que muchas de las leyes primitivas satisfacían de buena manera las necesidades de los indígenas.

Y dentro de sus descubrimientos encontró un aspecto que bien podemos retomar muchísimos años después: el principio de reciprocidad. En dicho principio el autor comparte el orden en el cual los actos de bien, favores, apoyos, entre otros se realizan por apoyo a todo el grupo, por prestigio (entre la tribu),  y también, que los pagos por servicios son justos, en consenso y de manera pronta.

Pero es ahí donde la reciprocidad, emerge como la base de la estructura social. En la reciprocidad hay un sentido de justicia pero también de compromiso. Los actos no son azarosos ni por opresión unilateral, sino por reglas claras, definidas y atadas a cadenas de servicios recíprocos bien compensadas.

¿Qué de nuevo hay aquí? Se pudiera preguntar usted. Respondo: una de las características interpretativas de este hecho (de la reciprocidad) es que no siempre el pago era dado por la persona quien había recibido. O sea que ese ejercicio de “dar” y “tomar” podía ser abierto, sin tener que responder a quien te ayudó, ni atender a un orden jerárquico.

Traducido al día de hoy, lo anterior expuesto cabría en el refrán popular de “hacer el bien sin mirar a quien”, y aunque los refranes populares buscan resumir verdades del pueblo, en últimos tiempos es difícil hacer-o que te hagan, sin mirar a quien o quien. Actualmente entre el egoísmo, la retención y la búsqueda de justicia propia, el no mirar a quien, está más asociado a la estupidez que a la responsabilidad social.

Una máscara por aquí, una máscara por allá. Famosos haciendo obras de bien siendo utilizadas para promoción, políticos convirtiendo el altruismo en protocolo de campaña, amistades mostrando fraternidad y lealtad en los actos, al mismo tiempo que promueven la exclusión, supuestamente inconsciente de quienes no piensan como ellos. ¡Qué difícil es no mirar!

Y aunque este texto pareciera un falso regaño público desde una falsa superioridad moral, es más bien un exhorto a volver a esa parte primitiva en la cual, podemos ayudar sin ser ayudados, ser escuchados sin escuchar y compartir sin que se nos haya compartido. ¿Por qué deberíamos ser así? 

Ya sea que usted crea en Dios, en la magia, en el karma o en cualquier otra institución religiosa o metafísica el principio de reciprocidad es fuerte, intenso y me aventuraría a decir: infalible. Haga el bien sin mirar a quien, en una de esas, el beneficiado es usted.

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