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Buhedera

La Tabla Esmeralda

Buhedera

La Tabla Esmeralda

XII. Por esto soy llamado Hermes Trismegisto, porque poseo las tres partes de la sabiduría y filosofía de todo el Universo

Poco antes del fin, un nombre, Hermes Trismegisto, a quien se le atribuye la autoría de la Tabla de Esmeralda.

El problema es que, al parecer, Hermes Trismegisto es una legendaria combinación del dios griego Hermes y el egipcio Dyehuty (en antiguo egipcio) o Tor (en griego).

Mítico o no, es el supuesto autor de varias obras alquímicas, ocultistas y teológicas helenas, entre ellas ésta... y por qué no, si plantó su firma en piedra verde.

Su nombre significa Hermes el tres veces grande pues, según concluyó el italiano Marsilio Ficino, uno de los más grandes filósofos humanistas de los principios del Renacimiento, el presunto autor de la tabla era el mejor filósofo, el mejor sacerdote y el mejor rey.

Sin embargo, él mismo dice que se debe a que posee tres partes de la sabiduría: alquimia, astrología y teúrgia.

En cualquier caso, como tanto en esta historia, muchos dudan de que el autor de la críptica lista sea este fabuloso personaje.

Entre las muchas teorías, está la de que la Tabla de Esmeralda es parte de una obra llamada El libro del secreto de la creación, que existe en manuscritos en árabe y latín, y que el alquimista musulmán Al-Razi pensaba que había sido escrito durante el reino del califa al-Maʾmūn (813-833).

Los uróboros son serpientes o dragones mordiéndose su propia cola y fueron adoptados como símbolos tanto de la alquimia y del hermetismo, para representar conceptos como la perpetuamente cíclica renovación de la vida, el infinito, la eternidad.

También ha sido atribuida al místico pagano del Siglo I Apolonio de Tiana.

Algunos místicos judíos piensan que la escribió Seth, un hijo de Adán, que Noé las subió al arca y, cuando terminó el diluvio, las escondió en una cueva cerca de Hebrón.

En otra versión, un hijo de Abraham llamado Hermes se las dio a su hermana Miriam, quien las puso en el Arca de la Alianza, donde permanecen hasta hoy en día.

XIII. Lo que tenía que decir ha concluido

Contundente de principio a fin.

Sea quien fuera que escribió los 13 preceptos, obviamente quería responder algunas de las preguntas más fundamentales que nos hemos hecho desde la noche de los tiempos.

Y aunque para muchos lo logró, también dejó un legado repleto de signos de interrogación.

Lo cierto es que muy pocos –y hasta de pronto nadie– han visto la Tabla de Esmeralda y si la vieron fue hace mucho, mucho tiempo.

Eso no ha impedido que haya sido traducida, interpretada y reinterpretada.

El caduceo fue un regalo de Apolo a Hermes y parece que Hermes Trismegisto siempre llevaba uno.

Una de sus primeras apariciones en escena fue entre 500-799 d. C., escrita en árabe por Balinas.

Lo que pasa es que, una vez más, no está muy claro quién era Balinas, quien además cuenta que las encontró en las manos de un anciano que estaba sentado en un trono de oro en una bóveda bajo una estatua de Hermes en Turquía.

Pero personalidades que sí reconocemos como el físico y matemático Sir Isaac Newton o el destacado teólogo, geógrafo, filósofo y químico doctor de la Iglesia San Alberto Magno OP tradujeron la tabla (¿sin haberla visto?) y la integraron a su cuerpo de trabajo.

Hasta el fundador de la psicología analítica Carl Gustav Jung identificó la Tabla de Esmeralda con una mesa hecha de piedra verde que vio en una serie de sueños y visiones. Las ideas de su texto coinciden con la enantiodromia, característico del principio de individuación jungiana.

"Ningún árbol crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno".- Carl Jung.

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