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No es de Locos

La teoría sueca del amor

No es de Locos

¿Hemos perdido el sentido de comunidad?

No es ningún secreto que en los últimos días todos nos hemos visto afectados por los cortes de luz y el frío tan inusual en Monterrey; con temperaturas históricas y fallas en el suministro, el clima gélido ha puesto en jaque a muchos. Fuera de temas políticos o motivos económicos, no pude evitar pensar en lo frágiles, vulnerables y dependientes que somos.

Algunas personas se fueron a hoteles, otros, a casa de sus padres donde sí había electricidad, otros pidieron refugio a algún amigo con tal de poder trabajar; pero para muchos más, no hubo otro remedio que esperar dentro de su propio hogar.

Últimamente he escuchado que no estamos preparados para tanto frío y es verdad, nuestras casas no están equipadas como en Canadá o en algunos países de Europa. Sin embargo, en diversas ocasiones la necesidad nos mueve a generar comunidad, crear lazos y establecer comunicación (aunque desde luego, tampoco se trata de romantizar la pobreza ni la desgracia).

Hace tiempo vi un documental titulado La teoría sueca del amor, el cual hace una interesante reflexión acerca de cómo en los países escandinavos -conocidos por liderar la lista entre los “más felices del mundo”- se comenzó a forjar la idea de que las relaciones no deberían de ser motivadas ni sostenidas por la necesidad, sino que deberían ser auténticas y genuinas.

Es por ello que todas (o la mayoría de dichas necesidades) se encarga de resolverlas el Estado, concluyendo la idea de que el amor debe surgir desde la independencia y no la necesidad. Paradójicamente, estos países también encabezan las listas de mayor número de suicidios, depresión y personas que mueren solas y abandonadas.

En contraste, se describe cómo un pueblo africano vive una realidad totalmente opuesta: en comunidad, cooperando todos sus miembros y uniendo fuerzas para salir adelante. Sus recursos son limitados, sin embargo, se muestra un alto nivel de pertenencia, sentido de acompañamiento y alegría.

Evidentemente aquí hay una serie de factores que se podrían comparar y tomar en cuenta, pero el sentido de esta reflexión está relacionado con dos puntos principales. En primer lugar, ¿cuántas cosas realmente podemos “controlar”, considerando que en muchas ocasiones los motivos que generan ciertos eventos están fuera de nuestro alcance? Desafortunadamente, cada vez se alimenta más esta idea de que uno puede y sobre todo, debe controlarlo todo.

En segundo lugar, y partiendo de esa misma sensación de control e independencia, ¿qué tanto nos ha llevado a perder el sentido de comunidad? El hombre es un ser social de raíz que necesita contacto con otros seres humanos, así como saber que alguien podrá estar ahí para apoyarle en caso de necesidad.

Por eso, #noesdelocos aprender a reconocer lazos y redes vitales de apoyo para nuestro crecimiento, #noesdelocos correr a casa de un buen amigo en busca de refugio y, por último, #noesdelocos comenzar a quitarnos la idea que podemos controlarlo absolutamente todo y comenzar a aceptar nuestra vulnerabilidad, movilizándonos hacia pensamientos que nos permitan adaptarnos.


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