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Siete Puntos

Las armas de los maestros

Siete Puntos

Las armas de los maestros

1. Estudié la primaria en un colegio de lasallistas, y cuando les avisé que me iba al seminario, me recriminaron: ¿por qué no ingresaba a su noviciado para ser uno de sus hermanos, dedicados a la educación? Les contesté que ellos sólo daban clases, y a mí me gustaría hacer todo lo que un padre realizaba: celebrar misas, confesar, ungir enfermos, atender a los pobres, coordinar comunidades... y también dar clases. Así ha sido. En casi 44 años de ministerio, tengo los mismos de profesor. A lo largo de estas poco más de cuatro décadas...

2. ... he constatado las diferentes herramientas que los pedagogos han necesitado utilizar para su profesión. Hace 50 años era un plus estudiar en una institución católica. Los maestros, entonces, además de matemáticas y geografía, necesitaban manejar algunos conceptos del catecismo, que impartían en las clases de religión. Pasó el tiempo y el inglés sustituyó a los mandamientos y los rezos. Ahora era fundamental ser bilingües, y la maestra de historia también debía dominar la lengua de Shakespeare. Temas como valores, principios...

3. ... idas a misa etc., eran suplantados por el manejo del idioma extranjero. El mundo se globalizaba y había que ser competitivos si se quería sobrevivir. Y llegó el universo de la cibernética para quedarse en la mochila de los teachers. Si antes necesitaban pizarrón, cartulinas y marcadores para ilustrar sus clases, ahora resultaba imprescindible una laptop y un celular –y el proyector, si la escuela no disponía de él– para estar en contacto, sobre todo durante la pandemia, con alumnos cada vez más visuales. El Zoom sustituyó al aula.

4. Ante la falta de presencialidad, y las sospechas de ausentismo, los profesores fueron bombardeados por la Secretaría de Educación y las direcciones académicas con montañas de protocolos, guías de aprendizaje, validación de tareas, evidencias fotográficas, etc., que volvían locos a los mentores, más preocupados por el cómo que por el qué, por la herramienta que por el contenido. Verdaderos mártires educativos, ahora sortean la falta de agua en sus casas y escuelas. Sus nuevas armas pedagógicas son el botellón y el tinaco.

5. Pero en EUA, a causa de las permanentes tragedias en las escuelas, ya hay quien busca armar a los maestros, pero no con biblias, cursos de español o computadoras, sino con rifles de asalto y pistolas automáticas. El gobernador de Ohio, el republicano Mike DeWine, acaba de promulgar una ley que faculta a empleados escolares a estar armados con ese tipo de artefactos, previa capacitación de 24 horas, y ocho de entrenamiento anual. Además, entonces, de lidiar con alumnos inquietos, los profesores podrán ahora enfrentar a tiradores dementes.

6. Mientras tanto, pese al reclamo mundial, el Tío Sam se niega a reglamentar con más firmeza la compra de armamento, argumentando que sirve para la defensa personal. Un problema de política pública, la seguridad, se deja en las manos privadas de los ciudadanos. Que curioso. El país que más gasta en ese rubro, que se proclama guardián de todo el mundo, cuyos policías inspiran miedo al más valiente, se reconoce incapaz para defender a niños y profesores en las escuelas, delegando en ellos la responsabilidad de hacerlo. Qué curioso.

7. Cierre ciclónico. Y los migrantes siguen siendo un problema, una crisis, y no una oportunidad. El imaginario colectivo local continúa pensando que nos vienen a robar, a ensuciar, a destruir nuestras tradiciones y valores –tan altruistas como apropiarse del agua a la primera oportunidad–. Claro. Los que vienen de Honduras, Guatemala y Cuba. ¡Ah!, pero si nos llegan de Austria, Dinamarca o, mínimo, España, no sólo son bienvenidos, sino que, a ellos sí, les permitimos que nos roben, nos ensucien y destruyan nuestros valores y costumbres.

papacomeister@gmail.com

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