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Las letras chiquitas


Por teléfono sonaba muy atribulado y, cuando nos reunimos, era angustia lo que vi en sus ojos. Me buscó, alentado por la reacción que tuvo en las más altas esferas del IMSS y del mismo gobierno federal mi serie de artículos sobre los esquilmos de semanas a los jubilados de ese instituto.

La atención que están recibiendo ahora la gran cantidad de derechohabientes afectados en sus pensiones es la buena señal de la que se aferran los protagonistas de este artículo, en su afán de que la compañía aseguradora les cubra los gastos médicos que se avecinan.

Su caso es igual al de muchos que hacen un gran sacrificio para pagar un seguro de gastos médicos mayores y, cuando finalmente llega el momento de usarlo, se topan con mil y un artilugios de las compañías aseguradoras para hacerles la vida de cuadritos y ver el “cómo no” en lugar del “cómo sí” apoyar a sus clientes.

Les platico: Por ahora me pidió no mencionar su nombre ni el de su compañía aseguradora. Quiere ver el efecto que provoca su denuncia sin llegar –como él dice– a la “morbosidad” de las precisiones porque, como dice el refrán: “El diablo está en los detalles”.

Tiene la esperanza de que la publicación de su caso mueva las fibras más humanas de quienes están al frente de la aseguradora para que le ayuden a resolver los dos problemas más graves que ha enfrentado en su vida.

1.- El cáncer diagnosticado en su esposa, su compañera de vida y de mil batallas; una guerrera como él la llama, que hoy no se pregunta por qué les pasa esto a ellos, sino para qué, lo cual es una forma bien diferente de enfrentar los momentos más difíciles en la existencia de cualquier persona.

2.- El riesgo de que su seguro de gastos médicos mayores NO cubra el costoso tratamiento que su esposa requiere para luchar por su vida, porque las letras chiquitas de su póliza establecen que 

ningún padecimiento oncológico será reconocido por la compañía de seguros, si no han pasado cuatro años desde la fecha de su contratación.

Conforme me iba narrando lo sucedido, había en su mirada y en el tono de su voz una mezcla de impotencia, incredulidad y gran tristeza.

Al indagar por qué las compañías de seguros cada vez se vuelven más requisitosas, esquivas y renuentes a cubrir los gastos médicos y hospitalarios de sus clientes, supe que “están pagando justos por pecadores”, pues resulta que se pusieron de moda las reclamaciones de gente que se inventaba un accidente o un padecimiento para matar víbora en viernes.

El problema es que la respuesta de las aseguradoras para salirle al paso a este tipo de casos es una medida genérica e injusta, siendo que lo que debería hacerse es analizar específicamente cada caso.

Cuando no se reconoce ni se cubre un padecimiento hasta dos, tres, cuatro años después de la vigencia de un contrato, el resultado es un mar de damnificados, como el que aquí narro.

Por diversas situaciones relacionadas a una mala jugada de quien fuera su agente de seguros, el de gastos médicos de su esposa tiene menos de un año de vigencia. 

Nunca antes había sido atendida de este padecimiento y, por consecuencia, no hay preexistencia ni registro alguno de ingreso hospitalario o consultas previas relacionadas con el cáncer que recién le fue diagnosticado.

A pesar de ello, esta pareja lleva ya varias entrevistas con los coordinadores de su compañía de seguros, y lo más que les han ofrecido es que enviarán su caso a un comité que resolverá si se hacen cargo o no de su tratamiento, exámenes, análisis y hospitalización.

Norma Alicia Rosas Rodríguez, presidenta de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, no estuvo disponible para atender mi llamada, pero seguiré insistiendo en hablar con ella, porque algo me dice que casos como éste abundan en México.

Quiero saber si el afán comercial de las aseguradoras está por encima del espíritu que alienta este tipo de servicios, que es darle protección médica a quienes tienen la posibilidad de contar con un seguro de gastos médicos mayores, y si es así ¿la tal comisión y su presidenta están pintadas o qué?

En contraste, cualquier ciudadano norteamericano puede contratar un seguro de este tipo, aunque al momento de hacerlo ya le haya sido diagnosticada una enfermedad de tratamiento prolongado. Dicho de otra manera, a los gringos les importa un bledo la preexistencia, porque trabajan con una visión de largo alcance, que es buscar por todos los medios posibles que la población tenga acceso a cualquier programa de salud.

En el presupuesto enviado por Trump al Congreso hay una partida de $875,000 millones de dólares para el tema de salud y es muy poco probable que, a pesar de la animadversión que el presidente de Estados Unidos se ha ganado de los congresistas, le vayan a bloquear ese plan.

Vamos a ver si la compañía de seguros del matrimonio de este caso reacciona para bien de sus clientes y, si no, pues a soltar nombres.

CAJÓN DE SASTRE

“Que así sea”, dice mi Gaby, aunque no especifica si se refiere a que la aseguradora reaccione o a que dé los nombres.

placido.garza@gmail.com


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