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Política e Historia

Lealtades

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Es imposible evitar escribir sobre la boda de telenovela donde los actores principales fueron Santiago Nieto y su ahora esposa, un episodio dantesco, surrealista o en el mejor de los casos, propio de una telenovela ochentera en Televisa.

Recuerdo aquel final de una novela con Erika Buenfil, creo que se llamaba Amor en Silencio o algo por el estilo, donde al salir de la iglesia disparaban a los novios y mataban al galán.

El final de la boda en Guatemala es similar, casi saliendo del altar y el novio fue fusilado “laboralmente hablando”, perdió el cariño de su jefe y toda posibilidad de seguir dentro de la 4T.

Es correcta la reacción del presidente Andrés Manuel López Obrador al despedir a un funcionario que rompe con las reglas no escritas del sexenio, en apego estricto al discurso de la 4T, deberían abrir carpeta de investigación porque los costos de la boda pueden no coincidir con los ingresos y el ritmo de vida del antes “Eliot Ness” del sexenio.

La salida no se origina en la boda, la festividad es la excusa para deshacerse de quien por alguna razón se había vuelto incómodo al régimen actual.

El Presidente aseguró ser invitado a la boda y haber decidido no acudir a ella. Las motivaciones que dio para su inasistencia incluyen decir que no le gustan las fiestas fastuosas. El juicio relativo a lo faraónico de la boda estaba decretado desde antes de realizarse y conocer la música que tocaría.

Era más que evidente la no asistencia del mandatario, hacerlo implicaría salir del país, lo que le provocaría un terrible conflicto político-mediático pues no abandona México para ir a eventos y cumbres internacionales de impacto económico, climático o social y habría de salir a una boda, aunque fura a unos cuantos kilómetros de la frontera mexicana.

Implicaría que el jefe del Ejecutivo dormiría fuera del país y hasta quizá se trasladaría en aeronaves privadas o tendría que esperar el pollero del domingo desde Guatemala hasta México. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que los costos eran demasiado.

Santiago Nieto incumplió con el principio de lealtad a su jefe, leí y escuché opinadores refiriendo en sentido contrario, que el Presidente fue desleal a su incondicional colaborador.

Discrepo, el otrora titular de la Unidad de Inteligencia Financiera no trabajaba con el “celo profesional” con el cual aparecía en medios por su lealtad al proyecto; lo hacía por protagonismos, exceso de histrionismo, incluso, por rencor, venganza, cobros de factura a los otrora compañeros de equipo.

Fueron muchos los momentos de protagonismo extremo en Nieto, seguramente algunos de ellos por la libre, sin consultar al jefe. Su salida no fue por la boda, como la muerte del galán de telenovela no fue por casarse; eso es consecuencia de una serie de acciones previas que disgustaron a los ejecutores.

Vuelve Nieto a circunstancias similares a las dadas cuando salió del equipo de Peña Nieto; igualmente los rivales del poderoso le tienden una mano al lunamielero en desempleo. 

Ricardo Monreal fue el primero en tender una liana, un mensaje más allá de ofrecer empleo al abogado. El receptor del mensaje era el mandatario a quien le dice que puede recibir una dosis de la misma medicina que aplicó a los funcionarios del pasado sexenio.

Contratar a Santiago Nieto es como tener un alacrán de mascota, sabes que picará a los enemigos, pero el día que te descuides, te hará sentir el rigor de su ponzoña y partirá sin remordimientos en busca un nuevo dueño entre los enemigos del anterior amo.

Lo corrieron porque olvidó ser leal y pieza de un tablero, nunca fue jugador.

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