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Opinión

¿Listo para morir?

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¿Listo para morir?

La tabla estadística del INEGI que recopila cuál es la esperanza de vida de los habitantes de México para diferentes fechas me llevó a una reflexión profunda y retadora que quiero compartir contigo.

Nací en 1966 y, al ver la esperanza de vida de los nacidos en ese año, me topé con que prácticamente estoy al límite de mi vida, pues para hombres era de 57.7 años, mientras que para mujeres nacidas ese mismo año, era de 61.9 años. Nunca lo había visto desde ese ángulo y tampoco me había fijado que algunos compañeros de generación de las escuelas en que estuve ya trascendieron luego de enfrentar la muerte.

Tengo la fortuna de contar con mi padre en mi vida a sus 85 años, él sobrevivió a todos sus hermanos, mayores y menores que él y me puse a buscar cuál era la expectativa cuando él nació, para darme cuenta que ha vivido el doble de años que lo que las estadísticas marcaban como su destino.

La mejoría de la calidad de vida, los avances tecnológicos, la mejora de la ingesta alimentaria, la medicina disponible, entre otras razones, han mejorado la expectativa, pero por lo regular no volteamos a ver el entorno, ni cuando se muere un familiar y tampoco hacemos un análisis de lo que llevamos recorrido ni apreciamos nuestros éxitos, dando por hecho que viviremos muchos años.

Ya sé que el encabezado de mi columna parece título de una película de acción, pero es mucho más emocionante tu respuesta que cualquier episodio de Rápidos y Furiosos o una de Bruce Willis. Por cierto, ¿ya te contestaste esa pregunta? ¿Consideras que ya estás listo?

La muerte la damos por hecho en los demás cuando un delincuente asesina a su objetivo, cuando una mujer es asesinada por los celos de un hombre que se creyó su dueño, un drogadicto muere al consumir una sobredosis o un aventurero sufre un accidente al ejercitarse en un deporte extremo. Incluso solemos decir o escuchar a otros decirlo, "se lo ganó por andar en esas cosas".

La muerte está presente en nuestra vida y simulamos no verla, porque no estamos listos para ella. A veces por miedo a lo desconocido, a veces por estar dedicados a sobrevivir en lugar de vivir a plenitud nuestra vida.

Las primeras ocasiones que conocí a un cercano al que la muerte alcanzó, vi los llantos y el dolor asomándose en el velorio o el entierro y registré en mi memoria que era algo malo para sus familiares. En otros tiempos, encontré la muerte con otro punto de vista en amigos que honraron a su difunto con un reconocimiento al legado que dejaron y los aprendizajes derivados de sus enseñanzas, al patrimonio alcanzado en vida y también he visto a quienes les reclaman haberse ido tan pronto.

¿Cuál será el momento oportuno para morir? ¿Existe ese día? Cuando a ti y a mi nos llegue la hora, ¿habremos vivido lo suficiente?, ¿cuánto es suficiente? ¿Al hacer el corte de resultados, tendremos un balance positivo? Estoy seguro que al menos una de las preguntas la dejaste sin respuesta.

Es natural que no pensemos mucho en ella, pues tradicionalmente la asociamos al dolor, a la enfermedad, a la debilidad, como si el que muere viejo no hubiera sido joven y fuerte. Nos acostumbran a dolernos de los últimos días o de su tragedia, sin ver que tuvieron una vida llena de risas, fiestas, aprendizajes y aportaciones de todo tipo, a la sociedad a la que pertenecemos.

La muerte es como la vida, así que me atrevo a afirmar que todo aquél que está preparado para la vida sabrá estar preparado para la muerte en cualquier momento. Porque la vida nos ofrece muchos momentos lindos que dibujan nuestro perfil, el cual, como dije, solemos subestimar.

Hay y habrá quienes se adelanten en el camino y también quienes prolonguen su estancia en este mundo material, cumpliendo con el momento exacto de su propio destino. Nacer, vivir, crecer, desarrollarse, multiplicarse o no y morir.

Seguro que te has preguntado ¿ qué hay más allá? Como si fuera tan importante saber lo que hay que llevar, a pesar de que sabemos que nada nos llevaremos.

En la vida, cada día vale más, porque te quedan menos días. Hoy nos duele que dejaremos de ver a los seres queridos, hijos, pareja, padres, amigos, pero el mayor error es que estamos tratando de adivinar el futuro, restándole importancia al presente, que es el que nos da las alegrías anheladas. Ellos, nuestros queridos, están en ese presente.

Te propongo que no te quedes con cosas o sentimientos por decir, no dejar ninguna cosa buena que sepamos, que no le digamos a la persona amada.

No sabemos si el famoso viaje será repentino, por eso es mejor repasar nuestros logros y aportes todos los días, así llevaremos "nuestro informe" en tiempo real, disfrutando lo que hicimos y hacemos. No sabemos tampoco si nos iremos antes que nuestros mayores o antes que nuestros menores, por eso hay que decirles lo que disfrutamos de ellos y con ellos ya.

Vivir el presente y confiar en el futuro es más que un cliché, es una forma de acercarnos a la felicidad que se nos escapa por estar pretendiendo planear lo que no admite planeación ni puede corregirse después del momento final.

¿Cuál es tu esperanza de vida, según el año en que naciste? De los años que te quedan, ¿cuántos te asegurarás que sean felices? ¿Qué te gustaría estar haciendo cuando te encuentres con la muerte?

¡Te deseo que tu muerte sea tan linda como haya sido tu vida! y te recuerdo que todavía puedes mejorar la segunda.

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