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Las cartas sobre la mesa

Llamada y respuesta

Las cartas sobre la mesa

Llamada y respuesta

Constantemente Dios nos está llamando y retando a ir por un camino mejor, de nosotros depende la respuesta y la manera de recibir su invitación. Vemos en la lectura del libro de los Reyes un extracto de la vocación de Eliseo, sucesor de Elías, Dios lo llama y él se despide con prontitud de su familia, quema los utensilios de su vida pasada e inicia el servicio a Dios. Pablo, aconsejando a los gálatas, les dice que quien escucha y acepta a Jesús, abre su corazón para vivir en la libertad y no en la esclavitud del pecado. Lucas, en el Evangelio, expone dos exigencias para los que quieren seguir y continuar la misión de Jesús, disponibilidad para abandonar la comodidad y la seguridad.  

Existen tres actitudes para seguir a Jesús, podemos formularlas así: Entrega total, decisión absoluta, desprendimiento pleno. Hay que estar dispuesto a dejar el pasado, como Eliseo, a no mirar hacia atrás, sino a tender los ojos hacia adelante, hacia la tierra que hay que labrar y que un día dará su fruto. En el seguimiento de Jesús no se admiten condiciones. Se pide radicalidad, porque el reino de Dios apremia y no puede esperar: Eliseo pudo poner condiciones a Elías, ir a despedirse de sus padres, pero el cristiano ha de librarse de esta preocupación por un bien urgente y superior. Jesús pide el poner exclusivamente en él su seguridad, renunciando a todo tipo de seguridades materiales y humanas. Jesús no tiene nada, sólo a su Padre. El discípulo habrá de estar dispuesto a no tener nada, sólo un camino y un caminante que le va llevando hacia la cruz.

La vida cristiana es un estilo de vivir muy hermoso y retador, un estilo donde somos llamados a vivir con libertad. Antes del bautismo el cristiano era esclavo de sí mismo y del pecado. Jesús nos libera, pero no para arrojarnos a una nueva esclavitud, sino para que vivamos siempre en clave de libertad, bajo la guía del Espíritu Santo. El cristiano, liberado por Jesús, ha de aceptar y vivir el riesgo y el reto de la libertad.

Seguir a Jesús en un camino con muchos senderos. Jesús es el único camino, un camino sobre el que se extiende, poderosa, la sombra de la cruz. Este es el único camino del seguimiento, de la misión, de la plenitud cristiana. Son, sin embargo, muchos los senderos que conducen a este camino. Son muchos los modos y tiempos con que Jesús llama a los hombres a caminar con él, junto a él. Está el sendero de la fidelidad conyugal y el de la consagración radical, está el sendero del sufrimiento y el de la entrega amorosa en el servicio a los necesitados, está el sendero de la vida pública y el de la vida oculta en el quehacer diario del hogar, está el sendero del espectáculo para descanso del hombre y el de la escuela para su instrucción. Está el sendero de... Todos los senderos pueden, deben encontrarse en el mismo y único camino: Jesús, maestro de los hombres, redentor del mundo. Al entroncar nuestro sendero con el camino de Jesús percibiremos que no llegamos solos al camino, sino que portamos con nosotros nuestra cruz y nuestro calvario. Y nos convenceremos quizá que la cruz de Jesús está hecha de millones de cruces, y el Calvario que sostiene la cruz es un monte formado por muchos calvarios. Que el sendero de nuestra vida esté entroncado al camino de Jesús. Que nuestros senderos confluyan siempre en el camino de Jesús maestro y redentor.

La vida espiritual no es del todo clara, ni evidente. Pero uno no puede quedarse paralizado, hay que caminar aunque no se entienda todo ni del todo. Caminar mirando una estrella que un día se vio, y que ahora quizá está cubierta por una densa nube. Caminar, como Jesús, con paso firme, sin miedo, aunque la inteligencia quiera que detenga el paso e incluso que retroceda ante la niebla del camino. Caminar en el claroscuro de la fe, mirando siempre hacia adelante, hacia Jerusalén, la meta de nuestra existencia. Caminar, caminar, caminar... ¿No nos sucede a veces que nuestra inteligencia nos frena en el camino de la vida espiritual, del trabajo, del compromiso con Dios? Camina iluminado por el corazón, porque el corazón tiene sus razones que la razón no comprende. Y el amor difícilmente se equivoca. Escuchemos las llamadas e invitaciones de Jesús a caminar con Él, y respondamos generosamente...

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, ruega por nosotros. 

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