Ramón de la Peña ManriqueMonterrey
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Lo esencial es crear empleos, muchos y bien remunerados e implantar el servicio militar educativo obligatorio para quien no estudia ni trabaja. Esa fue la conclusión a la que llegamos un grupo de colegas ingenieros químicos y un servidor cuando nos reunimos a charlar sobre la inseguridad en nuestro país.

Todo empezó al comentar los resultados de la investigación llevada a cabo en Ciudad Juárez a principios de este siglo para detectar las causas importantes que han creado mucha de la inseguridad en nuestro país. Un colega nos comentó que las cinco raíces importantes a eliminar son: el agua que mantiene vivo el “negocio”; los dineros generados por el narcotráfico; la gente talentosa y educada que le da solidez a su administración; los empresarios, banqueros y vendedores de bienes que “negocian” con ellos; la impunidad ante actos de corrupción; la infiltración de delincuentes y personas enviadas a corromper a las diferentes policías del país. 

Rápidamente uno de mis colegas me dijo dos temas adicionales a considerar. El primero con base en la historia de aquel niño muy enfermo, cuyo papá lo llevó con un médico general, quien lo atendió y le recetó cierto tipo de medicamentos. Pero el papá al ver que el niño no sólo no se curaba, sino que empeoraba, rápidamente tomó la decisión de cambiar de médico, lo llevó con un especialista quien supo diagnosticar el problema, le recetó los medicamentos apropiados y pronto se curó el niño. Es cierto, le dije, parece ser que la medicina aplicada no es la correcta y que se necesita cambiar de médico, sobre todo al recordar la antigua sabiduría popular que nos dice del dicho al hecho debe haber alguien capaz de hacer que las cosas sucedan.  

Pero una de las causas más importantes que ha multiplicado el problema de inseguridad en nuestro país son los ninis. Al ver mi cara de ‘‘no te entiendo’’, mi colega me comentó que ese término está siendo usado para destacar a los y las muchachas que ni estudian, ni trabajan ni quieren hacerlo. En el Plan Estratégico para Nuevo León 2015-2030 se destaca que el “26% de la población entre 12 y 29 años no estudia ni trabaja”.

¿Quién se preocupa por ellos? ¿Quién los atiende? ¿Quién los motiva? ¿Qué le da sentido a su vida? ¿Quién y qué los motiva a estudiar, a trabajar, a buscar tener una vida digna? Sin duda los ninis representan un grave problema social en México y en el mundo, causado por muchos factores, pero sobre todo por la crisis familiar, educativa, de falta de buenos hábitos de comportamiento, y al catarrito económico que padece nuestro país. Pero lo peor del caso es que casi la única opción de “empleo” que tiene este grupo social es con el narcotráfico, la delincuencia organizada y las diferentes formas de delincuencia que han florecido en nuestro país. 

¿Y luego?, me preguntó mi correctora de estilo, resaltando lo dicho por el presidente Calderón: “No estoy diciendo que el problema no exista, sino que tenemos un problema real de inseguridad que tenemos que combatir. Que si alguien tiene una alternativa, pues que me la diga”.

Rápidamente vino a mi mente una propuesta que le hice al secretario de la Defensa Nacional durante la presidencia de Vicente Fox: implantar el servicio militar educativo obligatorio para el joven que no estudia ni trabaja. Al joven que estudia y trabaja se le da de inmediato su cartilla, pero el joven que ni estudia ni trabaja pasaría un año en las instalaciones militares en donde se le enseñaría a ser ordenado, limpio, puntual, responsable, respetuoso de normas y reglamentos, respetuoso de los derechos de los demás. Además, se le enseñaría algún oficio que le diera saberes útiles para su vida y su trabajo.

¿Qué falta? Primero los recursos económicos para los gastos de operación en las instalaciones militares y en la operación educativa; segundo, un acuerdo y compromiso por parte de los empresarios para contratar a los muchachos que completen su ciclo educativo en el servicio militar educativo obligatorio; y tercero, el compromiso y la voluntad política de desear hacerlo para así pasar del dicho al hecho.

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