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Nutrición con propósito

Los antojos, la mejor manera de afrontarlos

Nutrición con propósito

No hay que luchar contra un antojo, sino identificar su origen y si nos plantea algún problema o emoción como el aburrimiento, la tristeza o el nerviosismo.

A todos nos ha pasado alguna vez, de repente un alimento, sea chocolate, queso o cualquier otro, ocupa por completo la mente y surge el deseo de disfrutarlo. ¿Hay que resistirse a un antojo? ¿cómo afrontarlos? Todo depende de la frecuencia y de cómo afecta a cada persona.

A alguien le puede apetecer un día comer chocolate y después no sentirse culpable, ni agobiarse por habérselo comido. Otra cosa, en cambio, es comerse la tableta entera sin poder parar y tener remordimientos de conciencia, cada vez más buscamos en la comida aquello que no podemos resolver de otra forma.

La aparición de ese deseo puede ser por un déficit de serotonina o de ciertos nutrientes y por cambios hormonales. Por ejemplo, una excusa recurrente para justificar los antojos de chocolate es que el organismo está bajo en magnesio, un mineral que el chocolate puede proporcionar. Otro posible motivo es tener sed, no estar suficientemente hidratado puede confundir la mente, creando sensaciones similares al hambre.

El factor cultural es otra teoría a los antojos. Todos aceptamos que una mujer embarazada experimenta antojos. Sin embargo, son muchas las mujeres que no los tienen durante su embarazo. Las teorías son causas psíquicas que establecen que los antojos representan una desviación de la sensación de ansiedad que provoca un embarazo.

¿Qué hay que hacer?  No hay que dar de comer a las emociones y aún menos alimentos muy dulces, salados o grasos, los antojos son la punta del iceberg, mientras la raíz del problema está en las causas subyacentes como estrés laboral, falta de autoestima, problemas de pareja, expectativas demasiado elevadas...

A veces los antojos se producen por no haber comido lo suficiente en la ingesta anterior o por horarios de las comidas principales desestructurados, Si es así, se precisa un doble enfoque para recuperar el control. De la mano de nutricionista y, de otra, un psicólogo que trabaje la parte emocional y ayude a identificar las emociones que dan lugar a caprichos ajenos al hambre fisiológica.

Hay que averiguar por qué se tiene ese deseo intenso por un alimento específico. Aunque puede parecer incontrolable, se trata de distraer la mente con otra cosa, porque prohibir no es una opción. Al parecer, cuando una persona consigue olvidarse del antojo y pensar en otra recompensa que nada tiene que ver con la comida, el deseo de comer un alimento en particular puede terminar olvidándose.

A partir de ahí, a cada persona le funciona una estrategia distinta: llamar por teléfono a un amigo, abrir un libro, levantarse de la silla y dar un pequeño paseo, beber agua… 

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