Los codos de Monterrey


En 1946 Monterrey celebró 350 años de su fundación y, entre otras cosas, el comité de festejos convocó a un “Concurso Nacional del chiste sobre la llamada Tacañería de los Regiomontanos”. ¡Vaya!, ingeniosa forma de mofarse y restar importancia a la extendida fama que, desde hacía ya muchos años, habían adquirido los regios. En todo el país se les adjudicó el mote de “codos” y hasta llegó a propagarse el gentilicio de “codomontanos”.

Ha sido recurrente la curiosidad de saber: ¿por qué codos?... y para llenar este vacío han desfilado diversas teorías: una, atribuida al investigador Ricardo Elizondo, pregona que durante la Colonia se usaban unas bolsas para guardar monedas que se colocaban cruzadas sobre el hombro y caían hacia un costado, tenían una correa y quedaban pegadas bajo el brazo para irlas custodiando. Como no se podían abrir si no “se aflojaba el codo”, de allí saldría la famosa expresión.

Otra, achacada al historiador Celso Garza Guajardo, propone que lo de “codo” es sólo apócope popular de “codicioso”. Una tercera, sin patrocinador conocido, asegura que el origen es que en la ciudad se fabricaban codos para tubería y de ahí el mote. Ésta no amerita más comentarios.

En mi opinión, para dar mejor respuesta hay que dividir el asunto en dos preguntas: 1.- ¿por qué y desde cuando la fama de tacaños para los regios? 2.-¿por qué “codo” pasó a ser sinónimo de tacaño?

De la primera sólo tengo conjeturas, pero con ciertas bases. Es probable que los norestenses hayan heredado algo del temperamento de sus antepasados sefarditas (judíos españoles) que desde antiguo, por su forma de llevar los negocios, se le ha tenido por tacaños. Antiguos refranes medievales ya dan indicio de esto, uno de ellos: “El clérigo que no da y el judío que no presta, es cosa molesta”. Además, es de interés el origen de la misma palabra tacaño que, según J. Coromines, puede ser el hebreo “taqanah”, que significa ‘ordenación, reglamento o convenio’, y que aplicaban los judíos en sus negocios. Quienes trataban con ellos y no salían bien librados, le darían carga peyorativa a la voz “tacaño” surgida de ahí.

Respecto a cuándo nació la fama de la tacañería regia, la huella escrita más antigua que he encontrado está en “Chihuahuenses y tapatíos: relato autobiográfico plagado de verdades” publicado en 1939; en una parte dice: “siendo el artefacto tan barato, soldarlo era tacañería, y soldarlo dos veces... pues sólo un regiomontano”. Por estar ya muy consolidado el concepto, creo que lo más probable es que se haya gestado en la segunda mitad del Siglo XIX, cuando la ciudad se dio a notar por su intensa actividad comercial y por los modos de hacer negocios de su gente.

Por otro lado, para explicar porqué “codo” significa tacaño, la tuve fácil. Un par de autores gringos ya habían hecho la chamba. Uno de ellos, Charles H. Kany, en su obra “American-Spanish Euphemysms”, 1960; la otra, Shirley B. Arora, que en 1977 publicó “Folklore Studies. Proverbial comparisons and related expressions Spanish”. Ambos recogen frases de diferentes países hispanohablantes, que son metáfora del reflejo de abrir la mano cuando un golpe en el codo toca al nervio cubital. En España, en la región de Andalucía, fue donde se acuñó la expresión primitiva: “Darle a uno en el codo (para que suelte el dinero)”; luego, en Colombia, “No afloja ni dándole en el codo”; en Cuba “Le dan en el codo y cierra la mano”; En México y Guatemala “ser de codo duro” o simplemente “ser codo”. Hay más, pero con esas bastan (ya me vi codo).

Así las cosas, podemos concluir que la forma ordenada, rigurosa y conveniente de hacer negocios de los regios, generó la percepción de tacañería en quienes trataban con ellos, muy probablemente durante el Siglo XIX. Como sinónimo de tacaño, en México se usó el mote de “codo”, y ahora ya sabemos por qué… es sólo una variante de una antigua y extendida metáfora andaluza.

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