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Libros que suenan

Los niños del agua

Libros que suenan

Los niños del agua

"En los ojos de los bebés vive un dios que, a veces, conoce la misericordia" ...  

Hiram Ruvalcaba ganó el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2020 con Los niños del agua (Tierra Adentro/FCE). Un libro que me atrevo a decir es de una belleza, tanto de fondo como de forma, propia de ese canto que la literatura extiende en esa línea del tiempo que nos define lo trascendental.  

Si en sus cuentos de La noche sin nombre, Ruvalcaba avanza a una velocidad estratégica para impactar y enseñarnos el mundo con un acento de horror e incertidumbre; ahora en su crónica de Los niños del agua su narrativa nos sacude, pero con parsimonia, con la templanza conforme a la mirada serena que va registrando su camino por la paternidad.  

Su relato, también ensayo, nos muestra que hay paralelismos místicos y literarios entre Japón y México. A lo largo de sus páginas, vemos una fuente de referencias que no se limitan al arte o a la literatura, sino también a las creencias en relación con la vida y la muerte, una fe que nos ensambla como culturas en un crisol de melancolía y esperanza.  

El autor relata su estancia en Japón que se torna en la vertebra de su duelo paterno. En la turbulencia de emociones por la pérdida de un hijo, las alternativas para que el dolor no resuene y avasalle la vida misma, orillan a esos encuentros con las tradiciones del consuelo.  

Una estatua de Jizō, deidad protectora de los niños no nacidos por causas naturales o por aborto inducido, se convierte en la médula de contemplación para narrar simbolismos y significados vinculados a las almas de los infantes. 

Ruvalcaba indaga en ambos universos de la tradición, también existe el árbol nodriza, el Santo Niño de Atocha y su paridad con Jizō, el deseo encontrado de la vida, la luminosidad.  

El apartado Paraíso en el mar del dolor ( kugai jōdo) es la cúspide de su travesía narrativa. Aquí se aglutina no solo el daño de la pérdida, sino su progresión infinita hacia la muerte por plaguicidas en los niños y jóvenes de una comunidad rural en Autlán, Jalisco.  

Aquí se desmigaja la impunidad. Conforme leemos, nos hiere con precisión el silencio, el olvido. El caso se relaciona con el mal de Minamata, metilmercurio en el agua de la bahía japonesa. Nada lejos de infinidad de lugares del planeta que padecen el desmedido industrialismo.  

"Dice Svetlana Alexiévich...en , que las tragedias ecológicas nos proponen un punto final y un salto hacia una nueva manera de ver la realidad".  Ruvalcaba nos confronta, con esa ensoñación de los jardines, de peces koi, flores, estatuas y mar, con la crudeza de una poesía que nace del vivir y morir.   

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